Yo
personalmente comienzo a identificar algún que otro sarpullido ante los
eufemismos utilizados por nuestra sociedad. Cuando por ejemplo se envían tropas
armadas a zona de guerra, con facciones enfrentadas entre sí, combatiendo en
misión de paz. No me dirán que hay que pararse un poco para pensar donde anda
cada cual. No busquen nada en las coordenadas de la resistencia pasiva
propuesta por Ghandi en su tiempo para impulsar el entorno, que con los años
acabó con la independencia de la India.
Hoy no voy a
hablar, ni voy a recuperar ningún circunloquio conceptual sobre la diferencia
entre el envío de Felipe González de tropas, incluida Marta Sánchez, a la
primera guerra del golfo, en la segunda con “Ansar” al mando o la Afganistán de
Zapatero. En los tres casos fracasó la misión de paz y de guerra, por el mismo
precio. Por cierto muy alto. En todos los sentidos, por cierto.
Ahora que todo
el mundo echa cuentas. Cuanto dinero facturado por las compañías de
comunicación que dieron el soporte a todo aquello, sueldos y muertes de los
combatientes, armamentos, cadenas de comida,…
Uff, si sigo para adelante, ¿parece como si alguien pudiera haber hecho
negocio? No creo. –pónganle el tono
irónico que cada cual pueda-.
El segundo
interrogante sería, ¿quién pagó todo eso? … Sí señor, han acertado. No será yo
quién lo diga, pero que cada cual busque su casilla personal en la declaración
de la renta. Un pico.
Regresando a
la génesis del artículo y centrando el tema.
Estábamos con los eufemismos. Normalmente el eufemismo esconde algo,
imaginen por ejemplo que en la Rusia pos-soviética nace un partido que se llama
Partido Liberal Democrático. Que hay detrás de ese nombre, pues seguramente
algo no muy liberal y raramente democrático. Eso es, Zhirinovsky.
Pues ahora
imaginemos que estamos en mayo de 2012. Imaginen que un gobierno que sube al
poder realiza una campaña política hace como medio año. Y sus diferentes
líderes, Aguirre, Gallardón, Arenas o Rajoy ya avisan recortes. Pero matizan,
que se va a ajustar presupuestos en todos los campos, excepto dos. Porque esos
dos garantizaban la cohesión social, el desarrollo, el futuro de un país, etc…
Pues bien,
sigamos imaginando que se reúnen cuatro cabezas pensantes, ya instaladas en el
poder y deciden que hay que meter tijera. Que ojo, lo mismo había que hacerlo,
y ya estaba todo pensado aunque se hubiera proclamado lo contrario.
Lo de que ya
estaba todo pensado y diseñado sé que es mucho imaginar. Siento tanto paseo por
las nubes.
El imaginario
nos lleva a promulgar un real decreto sobre ajustes o recortes en educación. Y
la cosa termina con el ingenioso nombre de Real Decreto Ley de Racionalización
del Gasto Público en al Ámbito Educativo.
Primero me
centro en el nombre. Es decir, si unimos la importancia del desarrollo de un
país con la racionalización del gasto en esa inversión, el resultado es bien
sencillo.
Vamos a hablar
claro. Entiendo que la palabra racionalizar se emplea muy alegremente, y no se
puede estar a la sombra y al sol al mismo tiempo. El decir, si vamos a racionalizar
gasto para educación el único sentido es invertir más y más, no meter tijera. Máxime
en un país en busca de una competencia soñada y que se distingue por avances tecnológicos del
aire de la fregona o el chupachups. Básicamente lo que viene a ser poner un
palo a un trapo o un caramelo.
Exactamente la
mitad del rescate de Bankia equivale al controvertido recorte del 21% del
presupuesto destinado en educación en el ejercicio anterior.
Voy desgranando
consecuencias y argumentos esgrimidos por el tal señor Wert. Qué no se sabe si
es un ministro o una onomatopeya. En cuanto a la masificación de las aulas este
señor, que por cierto viene del ámbito universitario, las justifica como
experiencias formativas distintas. Vamos que los niños van a socializar más.
Vamos que de aprender y de formarse ni hablamos, pero amigos van a hacer unos
pocos.
Lo que ocurre
que la socialización se le va un poco por la reducción del número de interinos.
Eso sí, como los que queden van a ampliar más tiempo de su trabajo va a haber
oportunidad para conocerse a fondo.
En cuanto a la
bajada del número de becas y la subida de las tasas universitarias el ministro
arranca con una justificación de alguien que no es de este mundo. El señor Wert
viene a decir que las familias deben escoger en que emplear su dinero. Es
decir, si quieren que el niño o la niña estudien que se lo quiten de otra cosa.
Antológico. Lo podía haber rematado con algo así como que estudien los que
tengan dinero para ello. Porque los que no tiene dinero, por no tener no tiene
ni capacidad para escoger donde gastarlo. No se puede estar más desafortunado,
no se puede improvisar peor, no se puede asomar la patita de un modo tan
fragrante, no se puede vivir más alejado de la realidad. No se puede tener una
oportunidad más clara para callarse la boca y hablar de coyuntura, de
ejercicios futuros,…
Francamente no
me valen otro tipo de argumentos como que vivimos en una sociedad más pendiente
de sus derechos que de sus obligaciones. Ese tipo de argumentos que mezclan
todo y a todos. Eso de que no se puede andar pagando a una persona que tarde 10
años en terminar una licenciatura porque el chico no estudia…
Seguramente que no es ideal, posiblemente se
podrían buscar fórmulas para evitar situaciones excesivas. Pero, ¿perdemos más
dinero por aquí? O, formándoles durante cinco estrictos años con todos lo
gastos que conlleva y exportarlo a gran Bretaña o Alemania. Miren por ejemplo
las ofertas de enfermeros en el Reino Unido, o de ingenieros en Alemania.Si marcamos la pauta de que estudien los que tengan dinero, porque se subvenciona a colegios concertados para que familias con posibles paguen sólo una parte del coste, mientras otros no llegan para pagar las tasas universitarias. Sobre los colegios concertados hay teorías de todo tipo, porque seguramente las cuentas se pueden justificar desde el punto de vista del coste que asumen al formar a sus alumnos. Digamos que el estado los deriva por un precio cerrado. Y no asume ese. Por el camino me temo que el dueño del colegio está haciendo negocio asegurándose un aula más concurrida.
Esta semana se va cerrando haciendo historia para el señor Wert. Primera huelga de todo el sector educativo hacia un gobierno en la historia de la democracia, y primer plantón del Consejo de Universidades a un ministro. No está mal, estamos en año Olímpico.
Imagino que en
la próxima campaña esgrimirán sus argumentos habituales a la caza del puñado de
votos. Una de ellas la competitividad española en el mundo. Todos tranquilos, estamos forjando una
generación maravillosamente formados para atender chiringos de playa, revolucionar
el contenido de la sangría, seremos los mejores alquiladores de motos acuáticas,
vamos a hacer las mejores camas en los mejores hoteles del país, y algún
soñador tendrá un hueco para juntar cuatro letras y subirlas a un blog gracias
al nuevo plan de racionalización de alfabetización tecnológica. Eso, o a ver si
al espontáneo españolito se le ocurre poner un palo a un coche para aparcarlo,
o a un ipad para subirlo al altillo del armario. Cuestión de fe.
jajaja, buena faena, buen toro, pero me quedo sin duda con el tercio de muerte, y esa puntilla, jeje, tan aguda.
ResponderEliminarLo clavas.
ResponderEliminarYa se ha visto que traer mano de obra barata de sudamerica, no funciona, siempre pueden volverse por donde ha venido... es mejor tener clase obrera indocumentada y mal formada pero NACIONAL, 100% Made in Spain (el invento de tener jovenes pero sobradamente preparados y pagandoles un sueldo de la mitad de un becario) ya no funciona, muchos de ellos ya se han hartado y estan emigrando a países en donde les valoran estamos perdiendo nuestro futuro capital intelectual.
Que invente ellos, cada vez más vigente. (¿Y lo que mola que te sirva una copa un doctor ingeniero?)
Lo sé soy un cínico, es que como soy catalán...