domingo, 22 de julio de 2012

La iniciativa de la marioneta


Durante años, lustros y alguna que otra década en los medios de comunicación se ha vertido una imagen de una sociedad conformista, con una ética dudosa y unos principios de quita y pon. Esa imagen buscaba la figura de al nostalgia, en algunos casos incluso melancólica de un tiempo pasado donde la sociedad estuvo en primera línea de fuego para cambiar las cosas. Es decir, para andar sin rodeos, una transición hacia la democracia que la distancia en el tiempo dejó la traza de un dibujo mucho más definido de lo que fue. Básicamente porque muchas veces lo que ocurre es por su propio peso, y corresponde a la perspectiva darle una forma que permita por lo menos ponerle un nombre al proceso

Esa crítica hacia una sociedad indolente por supuesto que excluía al que escribía aquello. Que añoraba lo que se hizo en el pasado por un puro ejercicio de literatura. Porque en lo referente a la denuncia de la situación de cada minuto de los últimos 20 años, digamos que nos hemos quedado en la superficialidad.

Hablando en plata se acusaba a la sociedad de vivir con el latido de la marioneta. Y hablando de muñecos más o menos siniestros, que deben sus gestualidad, y su palabra al albur de una tercera persona.

Estamos ante un tiempo donde la iniciativa de un país, por ejemplo del sur de Europa, lo deja al aire de la mano que mece la cuna. Al mercado especulador, que mueve los hilos para jugar con el dinero ficticio de las cotizaciones y el interés de un crédito para enriquecerse él, a costa de un pueblo que vive ajeno de esos dineros cuando la coyuntura se pone al alza. Cuando la cosa se pone fea, sí toca acordarse del mundo real, de la economía de la calle, de los ciudadanos con nombre y apellidos, con o sin nómina.

Imaginen un muñeco que tiene barba, y siempre habla leyendo algo. No sé si alguien puede pensar en algún presidente de gobierno español que puede atender a esa descripción. Imaginen que el títere en cuestión soñó durante una década en ser presidente de su país. Durante todo ese tiempo aireó  una política para un país que básicamente estaba concebida para animar una economía que poco a poco fue dando sensaciones de menor actividad. Una bajada genérica de impuestos y una serie de ayudas para la contratación que dejaría más dinero en el pueblo llano para que por su propio movimiento redujera el número de desempleados. De pronto esa población beneficiada tendría más dinero que volcaría en un mayor consumo. Más consumo que ampliarían los márgenes de beneficios que finalmente desemboca en un mayor grado de inversión. Es decir, más trabajo, mas consumo, más beneficio y a la postre más inversión,… Así de sencillo, e imagino que por lo siglos de los siglos.

Pues bien, aquí aparece la marioneta en cuestión moviéndose al son de sus socios, de los mercados especuladores. Después de sus discursos anteriores se esconde detrás del “no nos queda otra”. Reconoce públicamente que sus principios han saltado por los aires en beneficio de “lo que nos conviene”. Recorte tras recorte, durante seis meses realiza un diseño perfecto de la teoría de la manta corta. Tapo un agujero para que descubrir otro. Una especie de negociación de la pura realidad que no ilusiona ni a mercados, ni a socios, y mucho peor, que deja al pueblo representado con esa sensación de desmoralización extrema.

No descubro nada, hay economistas de todos los colores, con teorías de distinto pelo, pero con un punto en común con la pura reducción del gasto lo único que se consigue es gastar menos, pero no se genera nada. Lo que menos, esperanza.

Es decir, la economía además de una ciencia exacta que cuadra números y manejar diversos índices para valorar diferentes aspectos también es un estado de ánimo. Si no se vende un producto malamente se obtendrá beneficio de nada.

Hace falta una ilusión, una luz en el horizonte, un proyecto que permita renovar la apuesta por un modelo que está al borde del fracaso absoluto.

Todo un SXX soñando con la esperanza de Europa para estrellarla en apenas 25 años. Cuarto de siglo por ejemplo con un sector como la minería estirando su canto del cisne, pero donde nadie quiso hacer una apuesta sería de desarrollo tecnológico en esa zona que permita a sus habitantes enfrentarse a la disyuntiva de carbón o emigración.

El New Deal, que Franklyn Delano Roosevelt abanderó en EE.UU. en 1931 después de la gran crisis del 29 combinaba los ajustes con la luz de la esperanza. Tú puedes pedir al pueblo que se ajuste, sobrados ejemplos ha dado el pueblo español de ello. Pero si no marcas la salida…

Una comparación simple pero ilustrativa. Pensando en el libro de autoayuda ¿Quién se ha llevado mi Queso? Para los que no lo han  leído, básicamente la historia va de varios ratones ven como el lugar donde siempre han comido queso, cada vez tiene menos. Poco a poco se va agotando. Unos ratones prefieren esperar a que se agote, y otros salen a buscar nuevos lugares donde comer queso. El que se queda, un día se levantará y no quedará nada. El que salga a buscarlo, tiene la probabilidad de encontrar una nueva fuente. Incluso, mucho más del que había en el lugar donde siempre lo tuvieron.

Lo que si cuesta pensar es que los especuladores que han consumido la mayor parte del queso actual, tengan la capacidad para buscar nuevas fuentes. El especulador por definición carece de la capacidad para crear nada, su virtud está en la agotar la rentabilidad de lo que ya existe.

Espero, por esperar, que todo el cabreo del pueblo español acabe en la revolución ética del desprecio por la cultura del pelotazo, Más allá de que este año, y alguno más, sus ingresos se vayan a ver disminuidos. Todavía en conversaciones cruzadas saltamos de la indignación por los hechos de los últimos tiempos, al halago por alguien que ha vendido un piso en buenas condiciones, un piso que compró hace un año aprovechando la situación cuasi terminal del que sea, y que ahora lo vende por X dinero más.

Que la gente desprecie al que te ofrece una factura sin iva, que no acuda ante unos sindicatos en connivencia con los diferentes gobernantes a cambio del vil metal. El día que se conozca el dinero que lo sindicatos españoles han quemado en lo que ellos llaman cursos de formación a este país le da algo. Desde cursos en condiciones precarias, hasta cursos fictitcios, pero con factura. Desde concesiones a centros de formación determinados a cambio de la la vulgar “mordida”, hasta los mordiscos a la propia factura del profesorado.

De la clase política ni hablamos. Todos los partidos que han tocado poder a lo largo de estos años son responsables con mayúsculas. De las cajas de ahorro hasta consulado autonómicos repartidos por el mundo. No hablamos del fracaso del proyecto como país. Vamos me refiero a algo más que ver una mirada nocturna del google earth y ver como la costa española luce con intensidad con su halo de especulación inmobiliaria.

La solución. La revolución de las marionetas. Unos para romper los hilos que les dictan cada actuación y marcar una ilusión, un proyecto más sólido que el pantano en el que estamos instalados.  Y ese proyecto, si tiene que ser supranacional, es decir, en nuestro caso, parece que de momento a nivel europeo, que quede claro el frente común. Porque si cae España, después va Italia, y si los países que ahora se ven fuera de peligro fundamentan su jerarquía en el consumo de los países que están al borde del ko, que alguien me explique quién diablos se va a comprar un volkwagen el próximo año. A mi no me da, desde luego.

martes, 3 de julio de 2012

Plagas del siglo XXI. Del neoliberalismo a Krugman

De todas las plagas que los dioses nos pudieron enviar sobre los hombres del siglo XXI, nos arrojaron a los neoliberales. Corriente que se presenta como pensamiento único y que acoge con comodidad a los políticos mentirosos y ventajistas. Políticos que venden el beneficio de unos pocos como logro de una sociedad y que venden el esfuerzo de todos cuando las cosas no vienen bien dadas. Que se llenan la boca con la sociedad de bienestar, y que justifican lo que sea comparando el dato que les da la gana, con el país que le apetece en el momento más oportuno.
No voy a entrar en la crítica genérica de los estudios sociológicos como tal. Eso que viene a decir, que una encuesta te da un dato para esconderte algún otro. Pero es frecuente ver como dos encestas sobre el mismo tema ofrece diferente lecturas dependiendo del periodo que evalúa o al país que pone en el disparadero.

La plaga no queda en la sociología militante, ni en una clase política mediocre e interesada. Si fuera así, tras el diagnostico se aplica el tratamiento o la cirugía que toque y problema solucionada.

La prensa que narra también tiene su responsabilidad. Prensa crítica con el desastre del momento, pero que ni advirtió, ni reivindicó, ni apuntó, ni previno, nada de nada. Ni una voz crítica. Se publicaban los datos macroeconómicos y se  presumía de unos números que ahora, claro está, no se entendían. Lo que viene siendo, una prensa resultadista. Si ganamos somos muy buenos, si perdemos los peores.

Y lo peor de todo. Hasta tímidos para denunciar al lobby internacional. Ese que pone a la tercera y cuarta economía de Europa, es decir, España e Italia a los pies del caballo del euro. Caballo que perderá pie sin estos dos países caen.

Y si caen, ¿a quién beneficia más toda esta caída? No hace mucho tiempo que interlocutores internacionales de diferente pelo pedían más cancha para el euro en relación al dólar. Por ejemplo. Quién está ganando dólares a paladas en una situación que tiene al sur de Europa al borde de la asfixia. Quién se beneficia de una situación de pura especulación monetaria. Se compra y se vende dinero, y se obtiene un beneficio sin dejar ningún bien más allá del individual del que perpetra todo esto.  Ahí les dejo pensando eso.

Pero vamos como puede ser que una economía como España con empresas repartidas por todo el mundo, con proyectos de desarrollo en países que realmente lo necesitan, con uno déficits en su entramado notables, pero con otras virtudes y desarrollos demostrables sea tratado con esa precariedad ofensiva por los mercados. ¿Quién mueve los hilos?

Y lo peor, es que la opinión publicada no plantea otro sistema que no sea éste. Esta mercadocracia supranacional. Sin darle vueltas, lo que diría un paisano, el gobierno de las  multinacionales. Vamos, que son lentejas. Que te las comes, o vamos al desastre, o al corralito, o…

LA intelectualidad desaparecida. Bueno derivándolo sobre premios nobeles de economía que seguramente tiene grandes conocimientos sobre las cuentas generales del momento, que saben leer índices que la mayoría no sabemos ni que existen. Pero que evalúan toda esta información  con la frialdad del bisturí del buen cirujano. Frialdad no exenta de intereses imagino, es decir quién les paga a estos señores.
 Incluso a cuanto le sale el vaticino al señor Krugman. Cuanto va a vender de su nuevo libro. Porque no hablo de todos los males que le iban a ocurrir a Europa por ejemplo hace cinco o diez años, que es cuando tendría cierto mérito. Porqué su enfoque es esencialmente negativo. Al hilo del negativismo, un ejercicio muy simple. Si como dice, el euro tiene un 40% de posibidades de desaparecer, porque no lo enfoca por el 60% que tiene de permanecer. De momento, 60, es más que 40.
Y por último, y con perdón, quién cojones es este señor para comparar la España de nuestros días con la España de los años 30. !Pero que dice! Cómo puede comparar un país despertando de una realidad agraria a un país con implantación mundial. Y dejo a un lado, otras cuestiones de carácter político, sociológico y de infraestructuras.  Jugar a los paralelismo es tan sencillo como coger el dato que te interesa y compararlo con el que te de la gana. Desde le punto de vista norteamericano, se puede establecer la comparación sobre índices de nuestro tiempo y lo que ocurrió después de la gran crisis del 29. Aunque la comparativas son muy tentadores, e imagino que algunas muy razonables, hay que partir de la base de reconocer situaciones bien distintas. Quiero pensar, que este señor esta promocionando su libro, y si buscas titulares para que la prensa los divulgue se deberán de colgar de las perchas del amarillismo. Como soy alguien educado y estamos hablando de un señor con este prestigio internacional, lo dejo en entrevistas amarillentas.

Quiero pensar, que lo que desarrolla matiza lo que dice, y lo acerca a un mundo más reconocible. En realidad su tésis viene a no entender una Europa unida en lo económico, y según y cómo. Sin otros nexos que mancillen soberanías históricas. Y que la mitad de los norteamericanos están locos. Hablando en plata. Que Europa unificara su política y que el elefante de los republicanos estadounidenses no pise la Casa Blanca.
De verdad, que no pretendo ser patriotero. Entiendo la mejora desde la crítica, pero detesto el alarmismo. Se mejora si partimos de la realidad.
No se debe confundir la imaginación con la fantasía. La imaginación mejora la realidad. La fantasía la desprecia. Dejo al lector su preferencia por una u otra.