Dicen que se han acabado las vacas gordas, que hay que apretarse el cinturón, que se acabó el despilfarro, dicen que hay que acostumbrarse a vivir de otra manera.
Pero, ¿a quién se refieren? ¿El mantra tiene fecha de caducidad?
Vamos a
ver, vayamos desentramado interrogantes. Los mismos periodistas que aprovechan
la coyuntura para acusar al gobernante de turno de estar despegado de la realidad,
que si síndrome de la Moncloa, que si hace falta pegarse una vuelta por el
Corte Inglés para tomar el pulso de la calle. Ésos, son los mismos que enfatizan el
mensaje de que el cuento se ha acabado. Que se acabaron los dispendios.
Miro a mí
alrededor, y no veo dispendios ni ahora, ni antes, ni nunca. Pero todos estos de
gomina cara, corbatas coloridas y trajes aparentes, ¿para quién hablan? Cada día
más claro la diferencia entre opinión pública y publicada. Algunos dan la
sensación de estar encantados de haberse conocido y que hablan para escucharse
a sí mismos.
Tomemos
al “mileurista” medio de la última
década y “denunciemos” el dispendio de estar pendiente de un Euribor para ver
lo que le queda de ese sueldo. Si en el horizonte se planteaba un gasto extra, llámenle
un coche para desplazarse a trabajar, un viaje, una “wii”, muebles para su
casa, el niño que va creciendo, … habría que trabajarse unas horas extras o
buscarse una segunda fuente de ingresos.
Es
decir, el dispendio de una jornada laboral que rondaría las 40 horas semanales,
con un jefe soplándote la nuca, y que por añadidura le tienes que “ronear” para que no te ponga en la
calle, o te dé las horas extras que pululan en el ambiente. Vamos que te de
más trabajo.
Este
mismo “mileurista”, ahora ni siquiera
guarda ese nombre. Ha surgido el nuevo término de “nimileurista”, el Euribor sigue condicionando, ya no quedan horas
extras, complicado conseguir un ingreso añadido. Además los caprichosos artículos
como el gas con que el cocina, el combustible que le conduce a trabajar, la luz
con que se alumbra, el iva de todo lo que consume... Vamos lo que viene siendo
un adicto.
Analizando
panoramas pasados y presentes, ¿alguien ve vacas gordas por aquí? Si alguien
las vé, lo mismo es que se ha fumado la hierba que esas vacas se deberían haber
comido.
Vamos a
hablar claro. Lo que se ha terminado, de momento, porque en unos años veremos
por donde andamos son los dineros desproporcionados que mueven personaje de profesión
políticos.
Se han
terminado presupuestos pantagruélicos para jornadas, cursos y convenciones
sobre empresa. O, pabellones de turismo que diferentes organismos públicos
destinaban ingentes cantidades de dinero para alquilar un auditorio que ya habían
presupuestado anteriormente y que encuentran en estos actos la justificación a
su cacareada edificación. Vamos que me lo compro con el dinero de los demás, y me
lo vendo a mi mismo.
Se ha
terminado que organizaciones empresariales que se esconden bajo los epígrafes
de consultorías, gestorías o auditorías cobren barbaridades para poner cuatro “powerpoints”, tres videos y llevar a
dos amigos para conferenciar sobre obviedades pero como te dan un cocktail, un diploma de asistencia y
tres contactos para el futuro ya podrían valer la pena.
Se ha
terminado que los ayuntamientos del país programen recalificaciones por doquier
para financiarse en todas las direcciones posibles. A quien le compran la finca
que era un prado, el que construye la urbanización, las casas que quedan por el
camino, y con todo el dinero que sobre para hacer el castillo de fuegos
artificiales más grande de la comarca. Traduzcan castillo de fuegos artifíciales
por todo ese tipo de inversiones que no viene al caso para la gestión del
municipio de turno. Depende del tamaño del pueblo la cosa puede ascender a un
museo o auditorio infrautilizado, una plaza de toros para tres festejos
anuales, o un parque con el nombre de alguien que durará los años que el
próximo megalómano de turno construya allí otra esfinge que le ponga el suyo. Me refiero al nombre, o al ego.
Se han
acabado las dietas para ejecutivos, el dinero en b que triplicaba sueldos base, las financiaciones a personas y
negocios que no justifican razón alguna que ese dinero vaya a sr devuelto en
plazo.
Lo que
no se ha terminado todavía es la permanencia de una casta desastrosa y
mediocre. Antaño el político ascendía para servir a la sociedad como consecuencia
de una carrera profesional brillante. Ahora la política es el medio, no el fin.
Los profesionales de este país son teleoperadores, funcionarios, profesores y
directamente parados. Los que podrían aportar por conocimiento en lo que
llamamos la “cosa” pública andan sorteando su suerte por el privado.
Y con
todo este panorama, alguien da una justificación por la cual este país no se
cae al suelo de una vez. Sumen, resten, multipliquen y dividan. Uno de cada
cuatro españoles en edad de trabajar no lo hace. Los que trabajan cobran menos
y pagan más. La economía sumergida, que no cotiza en ningún lado, aguante el
tipo de no pocas familias. Los dineros se lavan en apuestas de todo tipo y
condición. Alguien podría vigilar porque los adinerados de condición ganan loterías
y quinielas cada fin de semana. O mejor no, porque el mensaje oficial viene a
ser que mejor que aflore que así se mueve. Ya no sé si el dinero o la vaca.
Y
digamos que los “yayoflautas al rescate”. Cómo se valora la cantidad de
hipotecas, pufos de visa e imprevistos de diferente pelo que los yayoflautas
están abonando para salvar la cara del niño. Más allá de lazos afectivos, todo esto
está trayendo algo bueno. La solidadridad en estado primario, más allá de un panfleto,
de una pose, de un discurso. La gente se está ayudando de verdad, porque hace
falta.
Esto es
lo bueno. Lo malo es que todo lo que antes exponía cómo que "se había acabado". Se me
olvido matizar una simple cuestión temporal, "de momento". En unos años, cuando vuelva a fluir el dinero,
nadie hablará de éstos dispendios. Los dineros volverán a moverse a sus anchas. Las
palabras consumo, inversión, consultorías, urbanización, taparán la eterna
revisión de un modelo productivo más integro y sostenible y los mileuristas seguirán
mirando su Euribor y haciendo horas extras para apuntarse a un crucero barato
fuera de temporada.
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