Durante los últimos días estamos asistiendo a un debate que uno no
sabe si calificarlo como de superficial o profundo. De accesorio o
necesario. De religioso o laico. De esencial o simplemente prescindible.
En el ojo del huracán el burkini.
Haciendo una breve reseña
histórica sobre el origen de la prenda en cuestión apuntar que el
particular traje de baño nace en Australia en 2003 cuando la diseñadora
en cuestión vendió 9.000 unidades en su primer mes de vida. En algún
lugar de internet apuntan que a un precio de 100 euros la unidad.
Imagino que ahora la industria habrá llegado hasta los mercadillos. Pero
esto no lo tengo constatado.
¿En que consiste la prenda en
cuestión? Ya se pueden imaginar de donde procede su nombre comercial.
Juntamos burka y bikini … Físicamente se trata de un traje de baño largo
que deja a la vista cara, pies y manos, aunque un pequeño recorrido
para observar los diversos modelos existentes hay variables. Mangas
cortas, pantalones como mallas muy similares a los que puedan llevar los
surferos, con capucha o sin ella, y toda la variación de colores del
esprecto cromático habitual. Desde la oscuridad del negro al puro
fosforito.
La impresión general sería en muchos casos como la de los trajes de neopreno utilizados para diversas actividades acuáticas.
La
polémica salta cuando varias localidades costeras francesas han
prohibido su exhibición en lugares públicas. Especial notoriedad ha
tenido el bando el alcalde de Cannes. David Lisnard, que ese es su
nombre, cierra su bando con la siguiente conclusión:
“El
acceso a las zonas de baño estará prohibido para quienes no lleven un
traje de baño correcto, respetuoso con la buena moral y la laicidad,
respetuoso con las reglas de higiene y la seguridad. Además, cualquier
vestimenta que tenga connotaciones que vayan en contra de estos
principios también estará prohibida.”
Además durante el
fin de semana saltó la noticia de un altercado público en la isla de
Córcega con el burkini como desencadenante. En realidad la refriega
nació cuando unos turistas fotografiaron a un grupo de mujeres magrebíes
que se bañaban magrebíes de una pequeña cala en la localidad de Sisco.
Por ahí se mezclaron corsos digamos que de pura cepa, que salieron en
defensa de los turistas, y la cosa acabó con varios heridos y una
manifestación.
El debate está en primera línea de la
opinión pública francesa y europea. Políticos, intelectuales, opinadores
o simplemente escribidores manejan tesis que van desde el apoyo al
rechazo de las medidas.
Sin ir más lejos el propio primer ministro francés Manuel Valls ha manifestado en una entrevista en el diario La Provence que
el bañador islámico, que cubre todo el cuerpo y el cabello, “no es
compatible con los valores de Francia y de la República” y por ello
“entiende” a los regidores de Cannes y otras ciudades costeras que lo han vetado para evitar altercados.
No es necesario mencionar el estado de excepcionalidad que vive Francia desde hace meses.
Sin
perder ni un centímetro de esa excepciolidad por mi parte, creo que el
problema no puede bajar a la arena del burkini. Lo que se defiende desde
el plano de los valores de Occidente es precisamente todo lo contrario.
Inflexibles y agresivos para mantener un modo de vida que tantos
desastres y siglos nos ha costado alcanzar. La libertad individual como
punta de lanza para aquellos que quieran imponer a los demás usos y
costumbres. Sociales y religiosas. Con largas barbas, burkas, niqabs,
pañuelos, crucifijos, guayabas o estilosas corbatas. A mí personalmente
me da lo mismo el aspecto exterior del asunto.
No se trata de
cimentar la tesis de los integristas occidentales qye cimentan sus tesis
prohibicionistas cobre un exceso de buenismo desde los países
desarrollados de Occidente.
El problema es de gran magnitud y me
niego a aceptar simplificaciones al respecto. LA complejidad del
problema integrista en Europa tiene muchas teclas que manejar. También
es cierto que alguna menos que el mismo problema en países de tradición
islámica.
Desde los errores de integración en la Europa de la
postguerra. Ya no de las primeras generaciones que acudieron a países
como Francia, Alemania o por ejemplo Gran Bretaña para levantar la ruina
que nosotros mismo nos causamos. El problema son sus hijos o sus
nietos.
Al fondo Oriente Medio como detonador de gran parte del
asunto. Dentro del tablero de intereses discutido por allí durante
décadas podríamos convenir que la intervención de los pasises
occidentales es por lo menos discutible. Desde el original reparto del
asunto, a la posterior gestión de la lucha de intereses. Destruyendo y
alzando dictadorzuelos que te arreglan un problema y te generaban otros
dos. Y así ininterrumpidamente.
Tan complejo y matizable que resumirlo en dos párrafos me da hasta vergüenza.
Regresando al Burkini, y leyendo el bando de Monsieur Lisnard. A mí personalmente me agreden algunas consideraciones.
Lo de “un traje de baño correcto, respetuoso con la buena moral”,
me suena a consideraciones de otro tiempo. Quizá cuando desde España
andábamos dando con el crucifijo en la cabeza a todo lo que no se
ajustaba al guion establecido. Subjetivo, y por lo tanto peligroso. Tan
aplicable al burkini como a los calcetines blancos para entrar a cenar
en un estiloso y carísimo restaurante de mismo Cannes.
Lo de la
laicidad como valor enfrentándose al sentido religioso tampoco me
fascina. Hasta ahora la laicidad había servido a los pueblos para no
dejarse manejar por los regímenes religiosos. O, simplemente para
apartar de sus leyes cualquier matiz originado en aquel tiempo donde
clero e iglesia pinchaba y cortaba para mantener un status o una ventaja
adquirida y prolongada en el tiempo. Se combatía para eso y no para que
cada cual en privado o en lugares públicos profese lo que le apetezca.
Desde
luego que todo esto es muy matizable. Uno no es que profese nada en
especial, me limito a respetar cualquier tipo de credo que no agreda al
prójimo en su práctica. Simplemene me asusa el plateamiento de la
laicidad como un movimiento religioso en si mismo.
Pasando a las
alusiones a la higiene, pues que quieren que les diga. Entre la risa y
la indignación. Casi el mismo enfoque que los que prohíben el nudismo.
La
alusión a la seguridad es mucho más matizable. Pero vamos si nos
preocupamos de un bañador de pieza única en las playas, no me quiero
imaginar otro tipo de variables más invernales.
Y por último lo de
los respeto a los valores de la república, pues que quieren que les
diga. No sé si se refiere a los valores de la libertad, igualdad y
fraternidad de la I República francesa, o a V que instaurara De Gaulle
en 1958. Imagino que dentro de eso valores, y regresando a Córcega donde
surgió el problema este fin de semana y que además tiene el record
francés de ataques anti-musulmanes en toda Francia durante los últimos
años.
Esos valores imagino que fueron los que impulsaron al general De Gaulle
cuando expropió tierras agrícolas a los autóctonos en los años
sesenta para entregarlas a los 'pieds noirs' expulsados de Argelia que, a
su vez, contrataron mano de obra del Magreb ante la negativa de los corsos a trabajar como peones en sus antiguas propiedades.
Lamentablemente
todo más complejo que un simple burkini. Y mucho cuidado que por aquí
somos especialistas en solucionar un problema para crearnos dos. O peor,
crear un problema donde no existía.
No se sí sería oportuno
rescatar la utópica contestación del Mayo del 68 a la V República
Francesa con el Prohibido Prohibir. Yo simplemente les invitaría a los
que deben hacer, que le den una pensada al asunto. No vaya ser que
tratemos de apagar el fuego con gasolina.
Lo mismo habría que
concentrarse en defender a las mujeres musulmanas que quieran ponerse un
bikini, un triquini, un tradicional bañador de pieza única o
simplemente nada, y alguien en su entorno no les deje. Yo pensaba que
eso es lo que a Occidente le hace fuerte.
A lo mejor, Occidente ya no es lo que era. Quizá lo que pensaba, ya no
Libre de Impuesto
jueves, 18 de agosto de 2016
martes, 16 de agosto de 2016
Soledad, pasta, policías y redes sociales
Roma es una ciudad llena de fuentes. Las 7 colinas que la rodean la
encajan en el Tevere, y funciona como una olla en verano. Las colinas
traen el agua a las fuentes y el impenitente sol del ferragosto el calor
que cuece la soledad del que la siente. En este caso, en Roma. Y en
concreto en el Appio Latino.
La historia de la que quiero hablar es deliciosa. También, tierna y triste. Solidaria y posiblemente superficial. Igualmente sorprendente. Aunque lamentablemente habitual.
Uno se puede quedar en la viralidad de su exposición al mundo ante el comunicado que la policía romana dio del evento. O puede dedicarle si quiera unos minutos a cavilar sobre historias similares de su entorno. Ya sea pasado, presente o quizá futuro.
El acontecimiento puede resumirse en lo siguiente. Unos vecinos llaman a la policía alarmados por el llanto de unos vecinos. Dos ancianos de 94 y 89 años con 70 años de matrimonio abren la puerta entre lagrimas a su primera visita del verano. Quizá de meses.
Los agentes acuden para comprobar que allí no pasaba nada más, o nada menos, que un ataque de soledad desconsolado. El eco de la televisión funcionaba como perfecto altavoz de un mundo del que ambos se sentían ajenos.
Mientras llegaban los servicios sociales para realizar la revisión médica que recomienda el protocolo, uno de ellos se remanga y se encarga de cocinar su mejor receta de pasta para compartir con las víctimas del suceso. Sin duda la mejor noche de su verano.
El hecho en sí es maravilloso. En esencia, la vida debía de ser algo tan simple como ésto. Ayudar al que lo necesita. Ofrecer lo que haga falta. En este caso, basta con Spaguetti y compañía.
Posiblemente a diario, cada comisaria del mundo tendría una historia que podríamos encajarla dentro de esta categoría. Muy posiblemente, y con la misma periodicidad, también alguna otra actuación donde se eche de menos un mínimo del mismo talante.
En este mundo de redes sociales imagino que el personal le dio un “like” a la entrada del Facebook. Quizá fue conversado por muchos. Posiblemente más sorprendido por el anecdótico plato de pasta, que por otro tipo de circunstancia.
Concienciados virtuales. Sentidos “me gusta”y a consumir la siguiente noticia que diluya la anterior. Y otra, y después otra. Lo que sea menos pensar, conversar y escuchar.
Quien le iba a contar a los gurús del “pan y circo para el pueblo” que el exceso de información podría atrofiar la capacidad de análisis, la pausa para pensar y el criterio propio. El opio del pueblo virtual que calma las conciencias sin mover un sólo dedo.
Por aquí dejo la entrada de Facebook de la policía romana que relata al detalle lo allí acontencido. Los protagonistas del asunto. Como viene en italiano también un enlace que cuenta la peripecia en castellano. Ahora te toca a ti echarle una pensada para move un dedo para algo más que darle al like. O no.
https://www.facebook.com/questuradiroma/posts/1014697258638294
http://www.elmundo.es/f5/2016/08/10/57aa1f83e2704e42558b45cf.html
La historia de la que quiero hablar es deliciosa. También, tierna y triste. Solidaria y posiblemente superficial. Igualmente sorprendente. Aunque lamentablemente habitual.
Uno se puede quedar en la viralidad de su exposición al mundo ante el comunicado que la policía romana dio del evento. O puede dedicarle si quiera unos minutos a cavilar sobre historias similares de su entorno. Ya sea pasado, presente o quizá futuro.
El acontecimiento puede resumirse en lo siguiente. Unos vecinos llaman a la policía alarmados por el llanto de unos vecinos. Dos ancianos de 94 y 89 años con 70 años de matrimonio abren la puerta entre lagrimas a su primera visita del verano. Quizá de meses.
Los agentes acuden para comprobar que allí no pasaba nada más, o nada menos, que un ataque de soledad desconsolado. El eco de la televisión funcionaba como perfecto altavoz de un mundo del que ambos se sentían ajenos.
Mientras llegaban los servicios sociales para realizar la revisión médica que recomienda el protocolo, uno de ellos se remanga y se encarga de cocinar su mejor receta de pasta para compartir con las víctimas del suceso. Sin duda la mejor noche de su verano.
El hecho en sí es maravilloso. En esencia, la vida debía de ser algo tan simple como ésto. Ayudar al que lo necesita. Ofrecer lo que haga falta. En este caso, basta con Spaguetti y compañía.
Posiblemente a diario, cada comisaria del mundo tendría una historia que podríamos encajarla dentro de esta categoría. Muy posiblemente, y con la misma periodicidad, también alguna otra actuación donde se eche de menos un mínimo del mismo talante.
En este mundo de redes sociales imagino que el personal le dio un “like” a la entrada del Facebook. Quizá fue conversado por muchos. Posiblemente más sorprendido por el anecdótico plato de pasta, que por otro tipo de circunstancia.
Concienciados virtuales. Sentidos “me gusta”y a consumir la siguiente noticia que diluya la anterior. Y otra, y después otra. Lo que sea menos pensar, conversar y escuchar.
Quien le iba a contar a los gurús del “pan y circo para el pueblo” que el exceso de información podría atrofiar la capacidad de análisis, la pausa para pensar y el criterio propio. El opio del pueblo virtual que calma las conciencias sin mover un sólo dedo.
Por aquí dejo la entrada de Facebook de la policía romana que relata al detalle lo allí acontencido. Los protagonistas del asunto. Como viene en italiano también un enlace que cuenta la peripecia en castellano. Ahora te toca a ti echarle una pensada para move un dedo para algo más que darle al like. O no.
https://www.facebook.com/questuradiroma/posts/1014697258638294
http://www.elmundo.es/f5/2016/08/10/57aa1f83e2704e42558b45cf.html
lunes, 8 de agosto de 2016
Mi nombre es Lobo
El
devenir de las noticias de verano siempre deja espacio para las tribunas de
prensa más ilustres de cada país para que la anécdota salte la línea que lleve
al debate social.
El
tema se suponía superado. La libertad de
cada individuo para nombrar a su hijo como considere más oportuno. En frente la
tradición y el juicio ajeno.
La
tradición de los calendarios, los santorales y la familia se venían enfrentando
en las últimas décadas al esnobismo que cada cual pudiera considerar. Hemos
visto como los nombres tradicionalmente más frecuentes en los registros civiles
como José o María han ido cediendo ante nombres de procedencia diversa. Desde
las Jennifer, a los Jonathan, desde el protagonista de la película de culto de consumo
personal, a la composición normalmente múltiple de un nombre tradicional. Ponle
por ejemplo un Juan y complétalo con el Winston, Franklyn, Walter, Jefferson,
Edwin o Jackson. Basta que el creador de la asociación de ambos nombres esgrima
el motivo que considere más adecuado.
Otra
categoría serían los de raíz política. De los fideles, a los ivanes. Pasando
por los que en España se castellanizaron durante décadas. Es decir, de los enrics,
sergis, ainaras o por ejemplo yagos.
Hasta
aquí, y con el debido respeto a la opinión que cada uno puede tener sobre el
asunto todo muy normal. En definitiva, con alguna que otra incidencia en los
registros civiles en los últimos años, que tampoco tuvieron gran eco, la base
del asunto se movía poco del punto donde cada cual elegía lo que quisiera
registrar.
El debate
público ha saltado ante la polémica de que un tribunal negara y luego
reconociera la libertad de registrar el nombre de Lobo. Por otra parte,
aceptado como apellido. Alguien se puso a pensar por sus padres sobre el peso
añadido sobre las espaldas del nuevo ciudadano de llevar ese nombre.
Después
de unos días con el asunto en primera línea de las redes sociales parece
condenado a su condición de debate efímero. El planteamiento de la libertad
enfrentada a la tradición no encontraría ninguna lucha salvo por la perversidad
pública de controlar hasta el último extremo lo que sólo debe pertenecer a lo
privado.
La
libertad de que un padre ponga a su hijo o hija un nombre que aluda a un animal
es tan viejo como el mundo. Desde Toro Sentado a Bailando con Lobos. Desde
Débora –que viene del hebreo abeja- hasta los
Delfines y Delfinas. Leones, Leoncios y sus femeninos. Raquel –oveja- ,
Palomas y Úrsula –inspirado en los osos-. El origen celta de Arturo nos vuelve
a mostrar el oso, y si regresamos a nombres inspirados en lobos podemos pensar
por ejemplo en Adolfo.
¿Debate
nuevo? Solución vieja. Libertad. ¡Auuuu!
viernes, 15 de enero de 2016
Revolución zero, y los Reyes Magos
Y llegaron los
Reyes Magos. Y las reinas. Y Baltasar sin su habitual cara blanca pintada de
negro, eso sí que es tradición. También llegaron trajes que parecían cortinas.
Quizá coronas con aires de Burri King.
Y barbas no suficientemente tupidas y desarregladas. Se puede ser hípster en
carroza y sin ella, pero según y cómo.
Un palco VIP
en Madrid sin VIPS. Los VIPS rebajados a la condición del peatonaje, palabro
que me saco de la manga por decir simple y llanamente ciudadano raso. En su
lugar, infantes en exclusión o en riesgo de ella. La revolución. Qué vergüenza.
Cabalgatas
laicas en una guerra en la red y las televisiones. Lo primero ya viene
ocurriendo desde que los festejos vienen esponsorizandose desde hace años. Lo
segundo es relativamente nuevo.
El despropósito aumenta cuando la tradicional
llegada de los Magos al estadio de Las Gaunas de Logroño en helicóptero se cambia
por una aparición en el césped desde el origen del santo suelo. Claro, pitada
monumental. Sin aspas no es lo mismo.
Los pequeños los imagino estupefactos. Los grandes prefiero no hacerlo. Qué vergüenza.
Por imaginar
ahora veo a los magos exhaustos regresando a casa agotados. Incluso alguno ya
habrá llegado a ella. Las noticias del revuelo habían llegado a oriente. Y por
allí cuentas que sus majestades no están tristes por el revuelo de este año. A
ellos les da igual que la carroza sea de un color o de otro, que se tiren
caramelos o coronas anunciando una determinada marca comercial. Ya están
acostumbrados a arribar en barcas, camellos, carrozas, aviones o helicópteros. Hace
años que la iconografía la alojan en la categoria de lo secundario.
Ya se han
acostumbrado a la variedad de músicas y danzas según el lugar y el momento. Les
da igual la nieve, la lluvia o el sol.
¿Entonces porque siguen tristes?
Lo que no se
acostumbran es a dar a unos muchos y a otros nada. La tristeza está en la falta
de cantidad de regalos para algunos, o la ausencia del reparto de lo que hay
para todos. Unos mucho y otros nada. ¿Les suena? Revolución zero.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Mantras de hoy en día o placebo para el pueblo
Después de varios días sin escribir por
motivos logísticos y básicamente de enfoque mental. Digamos que direcciones de
energía. Cuando uno está en una cosa, o en dos, la tercera puede quedar
aparcada bajo la acogedora manta del que uno anda almacenando argumentos para
ponerlos en negro sobre blanco. Licencias de escritor.
En realidad. Cuando te enfrentas al folio en blanco siento
algo parecido que cuando por motivos profesionales pasé de devorar todo tipo de
prensa a diario a pasar dos años sin consumirla. Un poco lo de Unamuno y Fray
Luis de León cuando regresaron a su cátedra universitario después del destierro
administrativo. “Decíamos ayer”, o algo más básico “por donde íbamos”. Pues
exactamente donde lo habíamos dejado.
Los mantras alcanzan esa cualidad porque
para asentarlos es necesario el tiempo que todo consolida. Los últimos
gobiernos españoles han colaborado en asegurar que la estabilidad del sistema
depende de asegurar el status quo de la banca española. Me da igual el color.
En las últimas décadas los problemas de las diversas entidades han tenido el
respaldo de “papá, y de paso mamá” estado para tapar el agujero que fuera con
el dinero del pueblo.
Sin entrar a valorar que hace el dinero
público tapando los abusos, desfalcos o simplemente errores de un negocio
privado, que a estas alturas está suficientemente trillado.
Tampoco anuncio ninguna estrofa que
encarne el anticristo capitalista y que condene a las entidades bancarias al
infierno de su ocaso. En cualquier caso, no puedo reprimir el apunte que países
de todo el mundo no han dudado en dejar marchar por el sumidero del Mercado las
entidades bancarias que así lo han merecido. Islandia, EEUU, Holanda,… Y nadie
cuestionó el sistema.
Llevamos décadas a vueltas con esto.
España define un modelo de Estado a medio camino entre unos y otros. Cuando
interesa asume las reglas del capitalismo más crudo, pero mientras el Estado no
deja de manejar, coordinar, aunar, subvencionar, respaldar y rescatar con un
nivel de intervencionismo que deja el sistema en un punto a medio camino de
casi todo.
Hablando en plata, la crisis del sector
privado demanda el dinero del Estado, después pintan bastos, y el dinero que
dejó a un interés mínimo lo pide con interés multiplicado por 7. La pinza es
mayúscula. Esos seis puntos que se lleva el lobby de turno que se lo cobre a
los estudiantes que se quedaron sin beca, el hospital que nunca abrieron, el
enfermo que nunca recibió la atención que merecía,…
Luego el listo de turno, con su master en
empresas sale con el otro mantra de la productividad. Incluso sin rubor de
ningún tipo asegura que comenzamos a ser más productivos. Como diría el
clásico, nos ha jodido mayo con las
flores. Si el trabajo que antes hacían veinte ahora lo hacen 15, no sólo
demuestra que alguien está ahorrando un tercio costes. Sino que los otros dos
tercios trabajan un tercio más de lo que antes hacía. Si además de todo eso,
los 15 estajanovistas van renovando
su contrato mensualmente, y se les ocurre romperse un brazo, o agarrarse un
resfriado medio consistente de dos o tres días fuera de combate, lo mismo
alguien se acoge a la reforma laboral que todo iba a curar para poner al
resfriado de patitas en la calle.
Regresando al mantra anterior. El que
repite que la estabilidad bancaria vertebra nuestra sociedad. Sin entrar a
matizar más cuestiones. Voy más allá. Aceptándolo como concepto indivisible.
Partiendo de ahí. La sociedad, o el pueblo
como cada uno guste. A mí me gustan los dos. Necesita un mensaje
complementario. O, a estas alturas, alguno más.
Es decir, la sensibilidad hacia la banca privada no puede olvidar a la
gente. La benevolencia con los disparatados números de unos no se concilia con
la exigencia de una ley hipotecaria, que va más allá de situar al afectado en
el kilómetro cero de nuevo. La cosa es más grave. El implicado se sitúa en la
posición de menos un piso. Es decir, sin casa y nula posibilidad de conseguir
otra. Cualquier quimera de volver a ser propietario en el futuro está laminada
por un paso atrás que en realidad son dos o tres.
Para más inri una representación policial
y judicial que subraya el castigo de lo público. En un país que lleva en el adn
ese patio de corrala que vive lo ajeno y lo propio en un nivel similar, el
castigo crece.
Después de meses donde es raro ver un
informativo con la noticia de algún deshaucio. El horror del drama personal, el
gélido sentido de lo habitual, esa estúpida sensación de que como cada cual se
ve fuera de peligro tiende a pensar que algún imbécil se ha metido en algún
problema por su mala cabeza. Nos olvidamos que la vida no establece caminos
inmutables, y lo que hoy es estable e indestructible, mañana puede ser pura
ilusión quebradiza.
España en plena crisis de “plataformosis”,
comienza a ver el éxtasis de protesta bajo el prisma de que el volumen de
tangana es inversamente proporcional a lo conseguido. El ruido y las nueces.
La situación es igual de desastrosa ahora
que hace dos meses, pero este país tiene un poder de reacción ante la tragedia
que afecta a todas las orbes.
Hace ocho años pudimos experimentar, como
en dos días el pueblo dio la vuelta a una elección sencilla de Mariano Rajoy
como sucesor de Aznar. El horror de Atocha lanzó a las calles el grito de lo
que todo el mundo conocía soto voce.
Bush, Irak, Aznar, terrorismo, Eta,… Todo se mezcló para apuntalar la
convicción de la clase política vende en los medios de comunicación lo que les
apetece para reforzar el estado de opinión que estaban buscando. Todo suena un
tanto conspirador, el merito es de Chomsky no mío.
En petit comité, con amigos, y ante las
manifestaciones de los últimos meses llevamos comentando que mientras las
algaradas no alcancen el grado de crónica negra, no es previsible un cambio de
actitud por parte de los gobernantes. Este país funciona de esa manera, basta
con que una corrida de toros no responda a las expectativas previstas para que
el malestar desemboque en barricadas y la semana trágica de Barcelona. Bueno, lo
que luego se llamó Revolución francesa brotó a raíz de una subida del precio
del pan. Es decir, la chispa nace desde lo cotidiano del día a día, para que
unos años después un libro de historia contextualice el incendio entero.
En definitiva, ha tenido que aparecer la
figura el mártir en la persona de Amaia Egaña. Para que en el transcurso de la
intervención del desahucio de su casa decidiera suicidarse, y que el drama
privado de cada día alcance el grado de público.
La clase política que se mostraba impasible
ante tal evento se une para tomar medidas. Suspender los desahucios pendientes
y anunciar medidas. Las medidas son tan pobres como posiblemente ineficientes.
Estamos ya acostumbrados a que se implementen leyes que presupuestariamente no
son asistidas y se queda en agua de borrajas. Porque por ejemplo, si este mismo
gobierno creo la figura del desahucio express para los morosos de alquileres y
así potenciar el sector. Luego no hay jueces para cumplir los plazos
estipulados por ley. Es decir, un canto el viento. El quiero y no puedo. O lo mismo la
cosa qued simplemente en el no puedo y no sé si quiero.
Las
medidas anti-desahucio nacen desde el oportunismo de la tragedia. Un parche. La
abusiva ley hipotecaria no se toca. Se habilitan alquileres sociales para los desahuciados.
Y esas casas de donde salen, pues del famoso “Banco malo”. Es decir, las casas
que el estado asume de los propios bancos para aliviarlos por considerarlos
fondos tóxicos.
Nada
de revisar los desahucios ya ejecutados, el que perdió su casa, además la sigue
debiendo por los siglos de los siglos. Lo más relevante puede que sea la
moratoria de dos años para familias por debajo del umbral de ingresos de 19.200
euros, unos 1600 euros al mes. Pero vamos que aquí nadie se libra de pagarla o
perderla. Pero vamos que ni se toca la tasación, los intereses de demora, la posibilidad
de la dación en pago,…
Vamos
que apesta a lo de siempre. Placebo para el pueblo.
sábado, 29 de septiembre de 2012
Santiago Carrillo. Ganador de batallas, perdedor de guerras
El
fallecimiento de Santiago Carrillo pone fin a un testigo directo de la historia
de España en el último siglo. Historia vivida en primera fila, su biografía es
un completo tratado de historia. Una de sus máximas redondas hablaba de la
necesidad de que los españoles deberían conocer su historia, para no repetirla.
Y el S.XX español, sin duda, pasea por la historia con más sombras que luces.
Carrillo nació
en un tiempo donde la democracia era una quimera, la monarquía ejercía una
autoridad caprichosa que defendía el orden establecido. Terratenientes,
burgueses, clérigos, la milicia,… Pocos puntos suspensivos más.
Por entonces,
el mundo obrero apenas balbuceaba en búsqueda de unos derechos tan elementales
como un sufragio universal verdadero, el voto femenino, derecho a huelga…
Además las
peticiones en dirección de un reparto más justo, voceaba la necesidad de un
reparto de bienes que entonces como ahora es la llave de lo que viene siendo la
justicia social. Entonces, también como ahora la frontera entre el hambre y la
opulencia era meridiana, grosera, simplemente inadmisible.
El joven
Carrillo despierta a la política en un mundo claramente injusto. Su padre,
fundidor asturiano, y afiliado al PSOE y UGT trae su familia a Madrid
arrastrado por la política. Carrillo crece en Cuatro Caminos y estudia en el
Grupo Escolar Cervantes. Es seleccionado para cursar el Bachillerato, pero la
falta de ingresos familiares interrumpe su evolución académica.
De ahí, pasa a
trabajar en una imprenta, a las Juventudes Socialista y colaborador del
periódico El Socialista. Su crédito sube como la espuma. El adolescente Carrillo
toma notoriedad y sus virtudes poco a poco le van situando en una posición
notable dentro del sector revolucionario del PSOE de entonces. Es decir, en el
ala de Largo Caballero.
Durante esta
época Carrillo tuvo su gran visión. Un viaje costeado por la Internacional
Socialista le lleva a Moscú. Para ver la obra de los Soviets. Carrillo acude
interesado, y vuelve deslumbrado. En uno de los documentales que he visionado
estos días lo explica desde la sencillez y la contundencia de una frase. Allí, “los pares de huevos eran tres”. Es decir, no estamos hablando de la
multiplicación de los panes y los peces. Pero vamos que entonces en España
comerse tres huevos era de snobs
adinerados. Aparte de eso, la presencia del pueblo en la calle, la revolución,
eran tiempos felices en la Unión Soviética y la quimera idealista hecha carne.
Por supuesto, desde estas líneas no se trata de defender sistema alguno,
simplemente una reflexión. La España roja de entonces miraba con admiración la
opulencia de las soviets. La diferencia entre tener poco o mucho, y no tener
nada.
No era tiempo
para enfrentar al Capitalismo contra el Comunismo. Eso vino después. Entonces la comparación era entre la miseria enfrente del comunismo.
En realidad
parto desde este momento para
simplemente arrojar las conclusiones sobre una de las figuras políticas más
interesantes del S.XX español. La historia de Carrillo es la historia de un
desengaño. Tenía tanta capacidad para abrazar causas como para abandonarlas
desde el desengaño.
Durante la
Guerra Civil española Santiago Carrillo, fue abandonando el socialismo para
abrazar el Stalismo, públicamente rompió relaciones con su padre, Madrid cedió
al asedio, la República fue laminada por la botas de los militares y la
pasividad del mundo. Y, finalmente, abandonó su país para cumplir un exilio de
más de tres décadas.
Además no voy
a analizar, ni mucho menos, lo ocurrido en Paracuellos. Mucho se ha escrito
sobre ello, libros completísimos de documentación de la época, de todas las ideologías,
y todos lo relacionan en una medida u otra.
Incluso algo
comentó el propio implicado, pero la pregunta recurrente llegó un momento que empezaba a
molestarle. Notable fue el día que el afamado periodista Luis del Olmo se lo
volvió a preguntar en directo y D. Santiago le mando directamente al infierno,
literal.
Cruzando
versiones de todos los bandos es razonable pensar que alguna responsabilidad le
tocaba. En cualquier caso, juzgar el pasado con los ojos del presente es harto
peligroso. Da hasta miedo. Una revisión exhaustiva de la historia podría dar
con la mitad de las estatuas de los héroes de nuestro mundo en una planta de
fundición. Lo mismo da más miedo pensar en el reemplazo. Yo en este aspecto,
prefiero recurrir a Ortega y pensar en aquello de que somos los que somos y
nuestra circunstancia. Imagino que con país en guerra, con una ciudad asediada,
con hambre, con muertos a diario, con el horror de las torturas y ejecuciones
de fondo, tratar de juzgar todo aquello desde otro punto de vista que no sea
ataque y defensa, acción y reacción no nos situaría en este mundo.
Carrillo
mutó el socialismo de su padre por el comunismo de Stalin. Dejó a Stalin
cuando conoció la magnitud de sus purgas y los pormenores de algunos procesos.
Y por supuesto, la crítica amarga de los tanques soviéticos en la Primavera de
Praga. Entonces la niña bonita de los Soviets pasó a ser el garbanzo negro. El eurocomunismo,
y la capacidad de arrastrar masas en el exilio europeo le puso a las puertas de
su regreso a España.
Impresionante
el mitin en Montreuil en Francia, corría el año 1971. Entonces, hablaba de la única salida
digna al franquismo era la disolución por parte del Rey del Gobierno, proceso
constituyente, aprobación de un régimen democrático y elecciones libres con el
Partido Comunista incluido en todos los pasos. Simplemente visionario.
Quizá la peor
derrota vino después. El Partido Comunista gritó durante cuarenta años el
regreso de las urnas a España, y se estrelló contra ellas. Su trabajo a la
sombra del franquismo, su respaldo popular auguraba un resultado más generoso.
Per las elecciones del 77, del 79 y del 82 marcó las tres grandes decepciones
que pusieron a Carrillo lejos de la primera línea nacional.
Brillante
orador, ajustado en el análisis, político de esos que ahora se echan de menos,
con errores y con rectificaciones, pero práctico hasta el punto de apartar su
ideología por el bien común. A la historia pasará al famosa rueda de prensa que
borraba el violeta de la bandera nacional para dar el paso justo que diera las
condiciones de la legalización.
Ganador de
batallas, posiblemente perdedor de guerras. Y como el mismo le gustaba definirse cuando un periodista le arengaba a que concluyera una entrevista con una palabra. Rojo.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Pancartas a colores
En algún artículo anterior ya equiparé la pancarta,
así en genérico, tanto en forma como contenido, con las encuestas sociológicas.
A la par que grita una verdad, esconde otras. A veces, incluso de cierto
tamaño. No representan a la totalidad pero sirve de aglutinador de voluntades.
Sobre todo a los lectores, que buscan la frase que unifique.
Mucha pancarta se ve últimamente en un lado y en otro.
La marea de colores del pasado sábado, con cinco manifestaciones distintas
uniéndose en un objetivo común bien podría servir como miscelánea de
peticiones. Por un lado la blanca sanidad, donde pide recuperar terreno en
cuanto a recursos y servicios, con todo lo que ello implica. La marea negra nos
traía el chapapote de los recortes en el funcionariado. Protestan por una merma
notable en su poder adquisitivo. La marea verde de la esperanza de un país. La
educación. En el fondo alguien grita que para aligerar peso en la nave no se
puede tirar el motor. Una marea naranja que denuncia los recortes sociales. En
muchos casos partidas mínimas que prestaban un gran servicio. Que no arreglan
ningún problema ahorrándose esa subvención y que deja a su suerte a tanta
gente. Más de lo que el que gobierna imagina. Naturalmente quién no se puede
pagar otro tipo de asistencia o actividad. Y por último la violeta. Que viene
directamente desde el corazón del naranja, y que afecta a las mujeres, a los
recortes en contra de la violencia machista, la ley de dependencia. Además el
rojo de las asociaciones sindicales con un mensaje general de parar los recortes
y de paso recuperar algún paso ganado. Un siglo XX lleno de sangre y avances en
tantos aspectos da paso a un XXI con tijeras.
No es nada original reflejar que a uno le da la
sensación que a la izquierda de occidente se le cayó el Muro encima. Que el
capitalismo era más humano en convivencia con el Comunismo. Aunque sólo sea por
contraste, por la defensa del ideal del modelo la clase obrera fue conquistando
parcelas en casi todos los campos. Ahora sin contraste los mercados campan a
sus anchas, juegan con precios, impuestos e inversiones como si un juego de
mesa se tratara.
Anoto una fecha en el santoral de la democracia.
Principio y final en Grecia. Alfa y Omega. Allí nació, y allí Europa entregó la
voluntad soberana de un pueblo a un grupo de banqueros que cuadran gráficos a
pie de la Acrópolis. Como decía Miguel Gila en su mítico parlamento sobre un
viaje por Europa, a su gusto un poco rota. No dirán que no es todo un símbolo.
De regreso a las mareas, y a las pancartas veamos lo
el pueblo soberano español reclama a los mercados o en este caso a quién los
representan.
Hay un grupo de pancartas digamos que de inspiración
cinematográficas. “No es país para cerdos”. La fotos de ministros y
personalidades se las pueden ustedes imaginar, gobierno al completo ya algún
que otra personalidad notable del PP”. Por otro lado una ingeniosa llamada de
Obama disfrazado de Loca Academia de Policías, con Frau Merkel al fondo embutida en un casco prusiano, que llaman a un
balbuceante Rajoy que viene a decirle a todo que sí. Y por otro lado un Espe Atacks, privatizando todo lo que
pueda para hacer caja.
La dimisión de la presidenta de la Comunidad de Madrid
vino un par de días después, y resultaba inevitable, alguna referencia al incidente de la pasada
semana en la apertura del curso escolar. Imaginen quien debería comer en tuper según el grafista de la pancarta
en cuestión.
Luego aparece la iconografía más o menos esperada.
Mariano es Pinocho y un títere, por el mismo precio. Se niegan las temidas
tijeras, es decir “no a las tijeras” con textos al subtítulo que viene a decir
que “sin pan no habrá paz”.
Alguna más inesperada, también para iniciados en
historia. Imaginen “Hitler, 17 millones de votos. Demócrata?” Es decir, que
aunque los votos se renuevan cada año hay que legitimarlo día a día. La
democracia es algo más que votar cada cuatro años, y eso no legitima a un
gobierno a ir en contra de la voluntad del pueblo. Todo esto es muy discutible
en todos los aspectos. Para empezar mi propia interpretación, que seguramente
coincide con lo que a mi me gustaría que significara esa pancarta. Y lo mismo
nada que ver con la verdadera intención.
La Blanca
Sanidad retrataba a la ministra Ana Mato incluida en un paquete de tabaco.
El mensaje sobre el peligro que avisaban las “autoridades sanitarias” apuntaban
hacia el ministerio claro está. Por otro lado otra mucho menos visual pero
objetivamente impecable, “con la sanidad no se juega”. Me temo que ya llevamos un tiempo haciéndolo.
Me sigue pareciendo increíble que el precio de un medicamento sea diferente en
cada comunidad autónoma. O que depende en que hospital caigas para que las
medicaciones se alteren en base a protocolos diversos. Todo el mundo habla de
derechos fundamentales de la constitución y la igualdad queda en entredicho ante
este tipo de circunstancia.
El ministro Wert y su recorte educativo tuvo gran
presencia. No olvidemos que estamos en temporada alta de compra de manuales y
material escolar, matriculas, becas,… Es decir, cuando se anuncia un recorte el
pueblo protesta. Cuando el recorte lo está padeciendo, es lógico pensar que la
gente anda más receptiva al efecto. Hablando en plata, el cabreo sube de
temperatura. Estos son algunos ejemplos, “Menos dinero para los banqueros y más
para lo maestros”, “La educación no es secundaria”, “Wert caricaturizado como
medallista de oro olímpico de las pinocholimpiadas”
y otra de plena actualidad, “Tranquilos ya no hace falta sacarse una carrera,
trabajaremos en Eurovegas”.
Merkel arrulla a Rajoy, Urdangarín en la picota, los
banqueros y políticos defraudaroes enviados a galeras.
Y un clásico. La mítica frase de Martin Luther King
españolizada y actualizada. Cuando en Washington el líder afroamericano
entonaba aquello de que “He tenido un sueño…”. En este caso la pancarta
terminaba con “…éramos iguales”.
Al hilo de esta pancarta, y de la repercusión que la
manifestación de las mareas tuvo en medios de comunicación alguna reflexión.
Parece ser que los medios oficiales hablan de un resultado por debajo de lo
esperado. Acostumbrados estamos ante cualquier manifestación de manejar
versiones que van del blanco al negro. Del triunfo al fracaso.
Las manifestaciones muchas veces no son más efectivas
por su abrumadora presencia, el silencio también habla, porque el miedo
lamentablemente no emite nada. Lo importante es la capacidad para decir no,
para no resignarse, para luchar. Lo que consiguió el pueblo ahora lo ganó a
buen coste. No es momento para la
aceptación cartesiana de los hechos consumados. El apechugar con los excesos de
unos pocos.
Cuando Rosa Parks se negó en 1955 a ceder el puesto de
un autobus a un blanco en montgomery encendió la llama que acabó xon la
segregación. Martin Luther King pronunció el famoso discurso que concluyó la
marcha sobre Washingto. Martin Luther king anunció un sueño. Obama treinta años
después lo cumplió.
Sobre las otras pancartas, las que al principio llamé
del otro lado. Las que vemos a diario en medios comunicación de distinto pelaje
dicen que España no es Grecia, que el rescate blando casi ni nos enteramos, que
no hay alternativa, que estamos a la menos mala de las soluciones, que toca
resignarse, que la democracia solo se ejerce cada cuatro años, que solo hay un
camino…
No hay color.
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