sábado, 29 de septiembre de 2012

Santiago Carrillo. Ganador de batallas, perdedor de guerras


El fallecimiento de Santiago Carrillo pone fin a un testigo directo de la historia de España en el último siglo. Historia vivida en primera fila, su biografía es un completo tratado de historia. Una de sus máximas redondas hablaba de la necesidad de que los españoles deberían conocer su historia, para no repetirla. Y el S.XX español, sin duda, pasea por la historia con más sombras que luces.

Carrillo nació en un tiempo donde la democracia era una quimera, la monarquía ejercía una autoridad caprichosa que defendía el orden establecido. Terratenientes, burgueses, clérigos, la milicia,… Pocos puntos suspensivos más.

Por entonces, el mundo obrero apenas balbuceaba en búsqueda de unos derechos tan elementales como un sufragio universal verdadero, el voto femenino, derecho a huelga…

Además las peticiones en dirección de un reparto más justo, voceaba la necesidad de un reparto de bienes que entonces como ahora es la llave de lo que viene siendo la justicia social. Entonces, también como ahora la frontera entre el hambre y la opulencia era meridiana, grosera, simplemente inadmisible.

El joven Carrillo despierta a la política en un mundo claramente injusto. Su padre, fundidor asturiano, y afiliado al PSOE y UGT trae su familia a Madrid arrastrado por la política. Carrillo crece en Cuatro Caminos y estudia en el Grupo Escolar Cervantes. Es seleccionado para cursar el Bachillerato, pero la falta de ingresos familiares interrumpe su evolución académica.

De ahí, pasa a trabajar en una imprenta, a las Juventudes Socialista y colaborador del periódico El Socialista. Su crédito sube como la espuma. El adolescente Carrillo toma notoriedad y sus virtudes poco a poco le van situando en una posición notable dentro del sector revolucionario del PSOE de entonces. Es decir, en el ala de Largo Caballero.

Durante esta época Carrillo tuvo su gran visión. Un viaje costeado por la Internacional Socialista le lleva a Moscú. Para ver la obra de los Soviets. Carrillo acude interesado, y vuelve deslumbrado. En uno de los documentales que he visionado estos días lo explica desde la sencillez y la contundencia de una frase. Allí, “los pares de huevos eran tres”. Es decir, no estamos hablando de la multiplicación de los panes y los peces. Pero vamos que entonces en España comerse tres huevos era de snobs adinerados. Aparte de eso, la presencia del pueblo en la calle, la revolución, eran tiempos felices en la Unión Soviética y la quimera idealista hecha carne. Por supuesto, desde estas líneas no se trata de defender sistema alguno, simplemente una reflexión. La España roja de entonces miraba con admiración la opulencia de las soviets. La diferencia entre tener poco o mucho, y no tener nada.
No era tiempo para enfrentar al Capitalismo contra el Comunismo. Eso vino después. Entonces la comparación era entre la miseria enfrente del comunismo.
En realidad parto desde este momento para simplemente arrojar las conclusiones sobre una de las figuras políticas más interesantes del S.XX español. La historia de Carrillo es la historia de un desengaño. Tenía tanta capacidad para abrazar causas como para abandonarlas desde el desengaño.
Durante la Guerra Civil española Santiago Carrillo, fue abandonando el socialismo para abrazar el Stalismo, públicamente rompió relaciones con su padre, Madrid cedió al asedio, la República fue laminada por la botas de los militares y la pasividad del mundo. Y, finalmente, abandonó su país para cumplir un exilio de más de tres décadas.
Además no voy a analizar, ni mucho menos, lo ocurrido en Paracuellos. Mucho se ha escrito sobre ello, libros completísimos de documentación de la época, de todas las ideologías, y todos lo relacionan en una medida u otra.
Incluso algo comentó el propio implicado, pero la pregunta recurrente llegó un momento que empezaba a molestarle. Notable fue el día que el afamado periodista Luis del Olmo se lo volvió a preguntar en directo y D. Santiago le mando directamente al infierno, literal.
Cruzando versiones de todos los bandos es razonable pensar que alguna responsabilidad le tocaba. En cualquier caso, juzgar el pasado con los ojos del presente es harto peligroso. Da hasta miedo. Una revisión exhaustiva de la historia podría dar con la mitad de las estatuas de los héroes de nuestro mundo en una planta de fundición. Lo mismo da más miedo pensar en el reemplazo. Yo en este aspecto, prefiero recurrir a Ortega y pensar en aquello de que somos los que somos y nuestra circunstancia. Imagino que con país en guerra, con una ciudad asediada, con hambre, con muertos a diario, con el horror de las torturas y ejecuciones de fondo, tratar de juzgar todo aquello desde otro punto de vista que no sea ataque y defensa, acción y reacción no nos situaría en este mundo.
Carrillo mutó el socialismo de su padre por el comunismo de Stalin. Dejó a Stalin cuando conoció la magnitud de sus purgas y los pormenores de algunos procesos. Y por supuesto, la crítica amarga de los tanques soviéticos en la Primavera de Praga. Entonces la niña bonita de los Soviets pasó a ser el garbanzo negro. El eurocomunismo, y la capacidad de arrastrar masas en el exilio europeo le puso a las puertas de su regreso a España.

Impresionante el mitin en Montreuil en Francia, corría el año 1971. Entonces, hablaba de la única salida digna al franquismo era la disolución por parte del Rey del Gobierno, proceso constituyente, aprobación de un régimen democrático y elecciones libres con el Partido Comunista incluido en todos los pasos. Simplemente visionario.
Quizá la peor derrota vino después. El Partido Comunista gritó durante cuarenta años el regreso de las urnas a España, y se estrelló contra ellas. Su trabajo a la sombra del franquismo, su respaldo popular auguraba un resultado más generoso. Per las elecciones del 77, del 79 y del 82 marcó las tres grandes decepciones que pusieron a Carrillo lejos de la primera línea nacional.
Brillante orador, ajustado en el análisis, político de esos que ahora se echan de menos, con errores y con rectificaciones, pero práctico hasta el punto de apartar su ideología por el bien común. A la historia pasará al famosa rueda de prensa que borraba el violeta de la bandera nacional para dar el paso justo que diera las condiciones de la legalización.
Ganador de batallas, posiblemente perdedor de guerras. Y como el mismo le gustaba definirse cuando un periodista le arengaba a que concluyera una entrevista con una palabra. Rojo.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Pancartas a colores


En algún artículo anterior ya equiparé la pancarta, así en genérico, tanto en forma como contenido, con las encuestas sociológicas. A la par que grita una verdad, esconde otras. A veces, incluso de cierto tamaño. No representan a la totalidad pero sirve de aglutinador de voluntades. Sobre todo a los lectores, que buscan la frase que unifique.
Mucha pancarta se ve últimamente en un lado y en otro. La marea de colores del pasado sábado, con cinco manifestaciones distintas uniéndose en un objetivo común bien podría servir como miscelánea de peticiones. Por un lado la blanca sanidad, donde pide recuperar terreno en cuanto a recursos y servicios, con todo lo que ello implica. La marea negra nos traía el chapapote de los recortes en el funcionariado. Protestan por una merma notable en su poder adquisitivo. La marea verde de la esperanza de un país. La educación. En el fondo alguien grita que para aligerar peso en la nave no se puede tirar el motor. Una marea naranja que denuncia los recortes sociales. En muchos casos partidas mínimas que prestaban un gran servicio. Que no arreglan ningún problema ahorrándose esa subvención y que deja a su suerte a tanta gente. Más de lo que el que gobierna imagina. Naturalmente quién no se puede pagar otro tipo de asistencia o actividad. Y por último la violeta. Que viene directamente desde el corazón del naranja, y que afecta a las mujeres, a los recortes en contra de la violencia machista, la ley de dependencia. Además el rojo de las asociaciones sindicales con un mensaje general de parar los recortes y de paso recuperar algún paso ganado. Un siglo XX lleno de sangre y avances en tantos aspectos da paso a un XXI con tijeras.
No es nada original reflejar que a uno le da la sensación que a la izquierda de occidente se le cayó el Muro encima. Que el capitalismo era más humano en convivencia con el Comunismo. Aunque sólo sea por contraste, por la defensa del ideal del modelo la clase obrera fue conquistando parcelas en casi todos los campos. Ahora sin contraste los mercados campan a sus anchas, juegan con precios, impuestos e inversiones como si un juego de mesa se tratara.
Anoto una fecha en el santoral de la democracia. Principio y final en Grecia. Alfa y Omega. Allí nació, y allí Europa entregó la voluntad soberana de un pueblo a un grupo de banqueros que cuadran gráficos a pie de la Acrópolis. Como decía Miguel Gila en su mítico parlamento sobre un viaje por Europa, a su gusto un poco rota. No dirán que no es todo un símbolo.
De regreso a las mareas, y a las pancartas veamos lo el pueblo soberano español reclama a los mercados o en este caso a quién los representan.
Hay un grupo de pancartas digamos que de inspiración cinematográficas. “No es país para cerdos”. La fotos de ministros y personalidades se las pueden ustedes imaginar, gobierno al completo ya algún que otra personalidad notable del PP”. Por otro lado una ingeniosa llamada de Obama disfrazado de Loca Academia de Policías, con Frau Merkel al fondo embutida en un casco prusiano, que llaman a un balbuceante Rajoy que viene a decirle a todo que sí. Y por otro lado un Espe Atacks, privatizando todo lo que pueda para hacer caja.
La dimisión de la presidenta de la Comunidad de Madrid vino un par de días después, y resultaba inevitable,  alguna referencia al incidente de la pasada semana en la apertura del curso escolar. Imaginen quien debería comer en tuper según el grafista de la pancarta en cuestión.
Luego aparece la iconografía más o menos esperada. Mariano es Pinocho y un títere, por el mismo precio. Se niegan las temidas tijeras, es decir “no a las tijeras” con textos al subtítulo que viene a decir que “sin pan no habrá paz”.
Alguna más inesperada, también para iniciados en historia. Imaginen “Hitler, 17 millones de votos. Demócrata?” Es decir, que aunque los votos se renuevan cada año hay que legitimarlo día a día. La democracia es algo más que votar cada cuatro años, y eso no legitima a un gobierno a ir en contra de la voluntad del pueblo. Todo esto es muy discutible en todos los aspectos. Para empezar mi propia interpretación, que seguramente coincide con lo que a mi me gustaría que significara esa pancarta. Y lo mismo nada que ver con la verdadera intención.
La Blanca Sanidad retrataba a la ministra Ana Mato incluida en un paquete de tabaco. El mensaje sobre el peligro que avisaban las “autoridades sanitarias” apuntaban hacia el ministerio claro está. Por otro lado otra mucho menos visual pero objetivamente impecable, “con la sanidad no se juega”.  Me temo que ya llevamos un tiempo haciéndolo. Me sigue pareciendo increíble que el precio de un medicamento sea diferente en cada comunidad autónoma. O que depende en que hospital caigas para que las medicaciones se alteren en base a protocolos diversos. Todo el mundo habla de derechos fundamentales de la constitución y la igualdad queda en entredicho ante este tipo de circunstancia.
El ministro Wert y su recorte educativo tuvo gran presencia. No olvidemos que estamos en temporada alta de compra de manuales y material escolar, matriculas, becas,… Es decir, cuando se anuncia un recorte el pueblo protesta. Cuando el recorte lo está padeciendo, es lógico pensar que la gente anda más receptiva al efecto. Hablando en plata, el cabreo sube de temperatura. Estos son algunos ejemplos, “Menos dinero para los banqueros y más para lo maestros”, “La educación no es secundaria”, “Wert caricaturizado como medallista de oro olímpico de las pinocholimpiadas” y otra de plena actualidad, “Tranquilos ya no hace falta sacarse una carrera, trabajaremos en Eurovegas”.
Merkel arrulla a Rajoy, Urdangarín en la picota, los banqueros y políticos defraudaroes enviados a galeras.
Y un clásico. La mítica frase de Martin Luther King españolizada y actualizada. Cuando en Washington el líder afroamericano entonaba aquello de que “He tenido un sueño…”. En este caso la pancarta terminaba con “…éramos iguales”.
Al hilo de esta pancarta, y de la repercusión que la manifestación de las mareas tuvo en medios de comunicación alguna reflexión. Parece ser que los medios oficiales hablan de un resultado por debajo de lo esperado. Acostumbrados estamos ante cualquier manifestación de manejar versiones que van del blanco al negro. Del triunfo al fracaso.
Las manifestaciones muchas veces no son más efectivas por su abrumadora presencia, el silencio también habla, porque el miedo lamentablemente no emite nada. Lo importante es la capacidad para decir no, para no resignarse, para luchar. Lo que consiguió el pueblo ahora lo ganó a buen coste.  No es momento para la aceptación cartesiana de los hechos consumados. El apechugar con los excesos de unos pocos.
Cuando Rosa Parks se negó en 1955 a ceder el puesto de un autobus a un blanco en montgomery encendió la llama que acabó xon la segregación. Martin Luther King pronunció el famoso discurso que concluyó la marcha sobre Washingto. Martin Luther king anunció un sueño. Obama treinta años después lo cumplió.
Sobre las otras pancartas, las que al principio llamé del otro lado. Las que vemos a diario en medios comunicación de distinto pelaje dicen que España no es Grecia, que el rescate blando casi ni nos enteramos, que no hay alternativa, que estamos a la menos mala de las soluciones, que toca resignarse, que la democracia solo se ejerce cada cuatro años, que solo hay un camino…
No hay color.


lunes, 3 de septiembre de 2012

Telebasura y crónica negra


Dicen que la Telebasura nació el día que Nieves Herrero canalizó la indignación nacional ante el asesinato de los que en su época se conoció bajo el nombre de las niñas de Alcasser. Allí, con la familia y los vecinos, lógicamente indignados por la calentura de la aberración se montó un escenario en la plaza del pueblo valenciano para convertirlo en el patíbulo nacional.
La palabra telebasura se utiliza con excesiva ligereza. Unos lo generalizan ante cualquier tipo de emisión, atribuyendo a la televisión un papel formativo que a ratos traza. Otros huyen del palabro situándolo justo debajo del paraguas de la televisión espectáculo.
Al final todo parte del error de enfrentar la educación y la divulgación frente al espectáculo. Cuando la telebasura posiblemente habite en un lado y en otro.
Pero la peor telebasura es la que anuncia una cosa y te da otra. Es decir, esta semana la España negra, la blanca, la verde, la roja y la azul, se ha sobrecogido con los hallazgos de Las Quemadillas.
A la espera de que se confirmen los peores augurios. Los que se presagiaba desde prácticamente los primeros días, cuando más o menos se dibujaron las líneas maestras de una relación que tocó a su fin con dos niños por el medio y una obsesión como fondo. Y por supuesto, un hijo de puta en el ajo.
Sin entrar en mayores pormenores sobre la investigación, sobre todas la pruebas periciales acumuladas, y ninguna evidencia clara. El convencimiento desde el principio es que el señor Bretón era el responsable de la desaparición de sus hijos, que los tiempos, las llamadas, los niños y el parque no terminaban de cuadrar, y que la clave estaba en la finca familiar de tan desafortunado nombre.
Todo más o menos hilado excepto la hoguera. Los restos allí encontrados dieron un primer informe negativo en cuánto a su naturaleza humana, y la comunidad científica ahora, después de anunciar que son humanos, parece ser que hablan de la facilidad para identificarlos. Uno que es de letras se queda con lo que unos y otros van diciendo, a todos los creo porque se supone que ellos saben más del tema, pero es razonable dudar sobre investigaciones y diagnósticos pasados. Básicamente por una cuestión matemática, tres informes recientes desdicen al inicial.
Bueno regresando al tema televisivo. La telebasura se manifiesta desde el mismo corazón de la mentira.
Presentadores que aparecen desde la dulzura ñoña vendiendo argumentos de alta calificación moral, vistiéndoles de interés social, para sacar el bofe del personaje o la situación que trate. Todo por un 20% de share. Bonito argumento para justificar la casquería.
Colaboradores que rinden pleitesía a sus topos policiales, aunque hubieran metido la pata hasta el infinito. Por ejemplo, imaginen un periodista de la crónica negra con cara de profesional intachable que pone por delante la investigación policial inicial por encima de los forenses que hablan del error inicial. Para colmo desde su twiter su hace literalmente “el orejas” moviendo el foco hacia su falta de interés por defender al encausado, supuestamente asesino de sus propios hijos, que él solo se crea que ha matado a los hijos de su mujer. Pero vamos a ver, nadie ve que está defendiendo a la policía.
Según pasan los días, y después de avalar una investigación inicial cómo si la hubiera realizado él mismo, asume la situación vigente, cómo si él hubiera sido el primero en apuntarla. Sin pudor de ningún tipo mantiene con distintos argumentos el mismo papel, de periodista, policía, fiscal, juez y parte.
Por otro lado, estos mismos periodistas venían diseñando un perfil del supuesto asesino como de alguien sumamente frio, inteligente, minucioso hasta la enfermedad. Y todo porque era militar y estuvo en Kosovo.
Vamos a ver, militares, ciudadanos de Kosovo, fontaneros, austro-húngaros o abulenses, los hay muy inteligentes y muy poco. Como todos.
Porque al final, de momento, todo indica que si la primera investigación forense sobre la hoguera hubiera llegado a las mismas conclusiones que las recientes, en menos de un mes todo se habría cerrado, y el señor hijo de puta, además sufriría el estigma del estúpido. Un pobre hombre con una inteligencia emocional al nivel de la primera de las amebas.
Todo lo que hizo para despistar fue registrado por cámaras, los tiempos no encajan y el asesinato se consumó en su propia casa. Cómo estudiado plan, un poco pobre.      
Más sobre la fauna carroñera. Colaboradores pintones que aparecen hablando de Gibraltar o del caso que toque. Como soy abogado, sé de leyes. De pronto aparece por allí una abogada de esas que pasa más tiempo en los juzgados que en la televisión, y la apabulla con argumentos, pero como en los platós de televisión importa más inflamarse que razonar, pues alguien coge el dinerito fresco y hasta el próximo debate. Por cierto ¿Cuál era el tema?
Lo más triste es que entre toda esta fauna televisiva aparecen opiniones notables, voces interesantes, gente que aparece en los medios en virtud de un desempeño profesional  y de un prestigio basado en el trabajo.
Yo no soy uno de esos que dicen que no vi el debate, que estaba viendo un documental de la 2. No, yo lo vi, con las narices tapadas, metido en la basura hasta la rodillas, buscando el criterio de unos pocos, que también lo había.
El espectáculo del horror de nuevo en primera plana. Lo mismo, el causante de todo ello, andaba con el ego por las nubes, porque un imbécil mejor vestido que vivido le daba el perfil de lo que siempre quiso ser, y no es.
Lo que es, lo sabe él, y en breve se lo dirá un juez.