viernes, 15 de enero de 2016

Revolución zero, y los Reyes Magos

Y llegaron los Reyes Magos. Y las reinas. Y Baltasar sin su habitual cara blanca pintada de negro, eso sí que es tradición. También llegaron trajes que parecían cortinas. Quizá coronas con aires de Burri King. Y barbas no suficientemente tupidas y desarregladas. Se puede ser hípster en carroza y sin ella, pero según y cómo.

Un palco VIP en Madrid sin VIPS. Los VIPS rebajados a la condición del peatonaje, palabro que me saco de la manga por decir simple y llanamente ciudadano raso. En su lugar, infantes en exclusión o en riesgo de ella. La revolución. Qué vergüenza.

Cabalgatas laicas en una guerra en la red y las televisiones. Lo primero ya viene ocurriendo desde que los festejos vienen esponsorizandose desde hace años. Lo segundo es relativamente nuevo.
 El despropósito aumenta cuando la tradicional llegada de los Magos al estadio de Las Gaunas de Logroño en helicóptero se cambia por una aparición en el césped desde el origen del santo suelo. Claro, pitada monumental. Sin aspas no es lo mismo.  Los pequeños los imagino estupefactos. Los grandes prefiero no hacerlo. Qué vergüenza.

Por imaginar ahora veo a los magos exhaustos regresando a casa agotados. Incluso alguno ya habrá llegado a ella. Las noticias del revuelo habían llegado a oriente. Y por allí cuentas que sus majestades no están tristes por el revuelo de este año. A ellos les da igual que la carroza sea de un color o de otro, que se tiren caramelos o coronas anunciando una determinada marca comercial. Ya están acostumbrados a arribar en barcas, camellos, carrozas, aviones o helicópteros. Hace años que la iconografía la alojan en la categoria de lo secundario.

Ya se han acostumbrado a la variedad de músicas y danzas según el lugar y el momento. Les da igual la nieve, la lluvia o el sol.
¿Entonces porque siguen tristes?

Lo que no se acostumbran es a dar a unos muchos y a otros nada. La tristeza está en la falta de cantidad de regalos para algunos, o la ausencia del reparto de lo que hay para todos. Unos mucho y otros nada. ¿Les suena? Revolución zero.