miércoles, 16 de mayo de 2012

Echando números


La noche del sábado  12 de mayo, el director de La Razón defendía en televisión que aunque en el supuesto que fueran 100.000 personas las que se agrupaban en la Puerta del Sol conmemorando la concentración -germen de otras muchas alrededor del mundo- que tuvo lugar en Madrid el 15 de mayo de 2011, no era representativa de nada, ni de nadie.

El planteamiento era bien sencillo. La queja de 100.000 personas debía expresarse en las urnas. Hace medio año, el resultado de las elecciones dio la victoria al PP, y el señor Marguenda tomaba posesión de derechos ganados hace años como el sufragio universal como única cita de la sociedad para hacer escuchar su voz.

Si hablamos de derechos. Quizá, alguien olvide que posteriormente al derecho a que cada uno exprese en las urnas su opinión sobre quién y de qué modo debe gobernar, vinieron otros como el derecho a manifestarse, a opinar, a protestar,…aunque sea sin razón.

Derechos tan legítimos como el del voto. Afortunadamente el pueblo puede y debe hablar algo más que una vez cada cuatro años. Incluso supongo, que es legítimo cambiar de opinión. Es decir, alguien que votara al PP hace seis meses, puede considerar unos días después que su voto ha sido mancillado. Máxime cuando el programa electoral que ayudó a cimentar su triunfo nada tiene que ver con las decisiones tomadas desde entonces. Aún asoma por las redes sociales alguna frase del famoso debate de los dos grandes líderes de la patria. Rubalcaba desgranaba el programa electoral de un Rajoy que parecía tenerlo menos estudiado que su rival, para concluir con usted sabe que no puede decir todo lo que va hacer, porque no gana. Le arengaba a que hablara de recortes previstos.

El calidad del envite no iba mucho más allá de la subida de un IVA, que dicho sea de paso ya había sido subido por el entonces gobierno gobernante. Mariano “manos-tijeras” con el lenguaje corporal que tan poco le suele acompañar manoteaba como un tartamudo gestual para mostrar el único momento tambaleante de un debate que por falta de altura por parte de los dos integrantes se movía por el subsuelo.

De fondo el recuerdo de la famosa viñeta de Manuel Summers en la mítica revista Hermano Lobo. Visualicen. Un político, que podía ser cualquiera de los dos, subido sobre un estrado dirigiéndose a la masa que bien podría simbolizar el pueblo. Es decir, nosotros. El bocadillo de viñeta alzaba la voz del político, “Buenas tardes”. El pueblo contestaba, ¡Mentira!

De regreso al debate televisivo, ya que allí se hablaban de números y de su representación, vamos allá con las cuentas. Negar la queja de los miles que allí se juntaban es de necios, o de sordos. Todos saben que los que protestan es la punta del iceberg. Aunque sea una queja de grupos tan heterogéneos como los que allí se juntaban, quizá ese sea el factor diferencial con otros movimientos. Y de algún modo esa procedencia e interés tan diverso hace que los políticos se sientan más incómodos. En el aspecto numérico, multiplica el calado geométricamente.

A ver, tenemos estudiantes que se apoyan en los recortes en educación, parados en busca de trabajo, nostálgicos de los tiempos de revuelta, curiosos, juerguistas que pasaban por allí, los “yayos” que andan sosteniendo el país… Asociados e individuales, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, izquierdas, derechas e incluso gente que no sabe lo que pide, porque no sabe lo que quiere.

En cualquier caso, dejando a aparte todas estas consideraciones, cuánta gente tomó la Bastilla y en nombre de quién tomaron la voz del pueblo francés para dar guillotina a la monarquía francesa. Cuántos seguidores de Malcolm X o Martin Luther King tomaron la representación de la población negra norteamericana, cuantos acabaron con los zares, cuantos protestaron contra Franco, Mayo del 68, Los Claveles de Portugal,…

Si nos ponemos en los números puramente, porque el voto de 10 millones de españoles decide el destino de 40.

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