Semana de
reuniones y de mucho discurso leído. De la California Baja a Rio de
Janeiro. Del G-20 a la Cumbre sobre el
Clima Rio+20. Digamos que en la segunda el tema de fondo era la sostenibilidad
del planeta. En la otra se negociaba la resistencia de un sistema, y más
concreto de los países que lo aguantan.
Arranco desde
la anécdota que explica lo ocurrido. Imaginen que un presidente se dirige con
cierta energía hacia un estrado. Arranca hacia tribuna porque alguien que tiene
el dossier de protocolo le dice que después de otro que anda leyendo por ahí arriba y que no conoce de nada le toca
a él. Una voz a medio camino entre un cortesano de toda la vida y el locutor
del Precio Justo anuncia que el presidente de las Islas Salomón va a soltar el
discurso. Para centrarnos el que habla es el presidente de España, aunque fuera
presentado como el representante de un archipiélago de la Melanesia pacífica. Y
digo pacífica por el océano, no por el orador. Bien pensado, está demostrado
que el que tituló al océano lo hizo con poco acierto.
En cualquier
caso y regresando al discurso en cuestión, imagino que momento perfecto para
que lo ocupados con el Clima del Planeta
aborden el “catering” del lugar. El socorrido ipad que te conecta con la Eurocopa, o la siesta que apacigua los
excesos cariocas de algunos.
Y por allí
aparece Mariano con la seguridad en el porte que le da el turno que le asigna el
dossier de la escaleta de la infumable sesión del día. Imagínense por allí
todos hablando de un planeta verde, de una industria limpia, de la
sostenibilidad de un planeta que no soporta a los países que lo representan. Vamos,
“n” veces el mismo discurso
El que
presenta habla porque le toca. El que le toca hablar no escucha porque lo que
dice en la escaleta es que le toca leer un discurso que comentó de un modo más
o menos ligero con sus asesores en el vuelo que le llevaba hasta Brasil. Y a los
que les toca escuchar, ahí andaban mezclando cabezazos, ipads y el refrigerio.
Con el eco de
las Islas Salomón suena la voz del presidente de España. Ni un comentario por
su parte acerca de la confusión, nadie se extrañaba que allí hablara alguien.
Es decir, paren el reloj, y pasen por la sala una encuesta de la nacionalidad
del interlocutor. La mayoría no le sitúan ni en un lugar ni en otro.
La verdad es
que es mucho suponer lo reconozco. Pero esta situación que a uno le pueden
poner en bandeja para soltar la gracia de la noche, meterse al auditorio en el
bolsillo y decir más o menos lo que por allí se barruntó todo el día, pero con
más aplausos. Que siempre quedan muy bien en los noticieros de todo el mundo.
En realidad
toda esta situación que consiste en leer un discurso parecido al del resto,
delata un par de detalles. El primero, es que escuchar no se escucha, hablar se
habla poco y lo que más se hace es leer. Además la certeza de que no se puede
andar por las cumbres sin un inglés aseado. Cualquier día le presentan como el
triunfador de la Feria de San Isidro, y Mariano sube a leer del Clima.
Dos días antes
también leyó un discurso ante la prensa que reconocía que su asistencia al G-20
era básicamente para felicitarse. Negó los tirones de orejas de los mandatarios
más importantes del mundo a España, incluso negó que España hubiera sido tema
de nada. A la par que Obama o Merkel pedían a España claridad, decisión y
actividad para tomar las decisiones.
Pero, vamos cómo él iba a leer el discurso que se escribiçó
antes de la reunión propiamente dicho, pues puede pasar que lo que leas, nada tenga
que ver con lo allí tratado.
Lo peor es que
si hubiera cruzado las carpetas de los discursos de ambas reuniones, casi daba
igual. Es decir, el primer ministro de la Islas Salomón en el G-20 y Rajoy
negando a Merkel y Obama en Rio.
Para cerrar
semana, Roma. Las cuatro economías más importantes de la zona Euro a debate.
Francia y Alemania, frente a España e Italita. En esta ocasión, me temo que no
ha lugar a discursos preconcebidos.
Rajoy mantiene
su operación de maquillaje. Que el dinero ya concedido a España, vaya directamente
a los Bancos, como si España fuera España y sus bancos de todos. Todo para
evitar la dichosa palabra del diccionario que tanto molesta. Y de paso meter
ese dinero en el dichoso concepto de deuda. Vamos que si recibe el dinero el Estado
hay que llamar rescate a lo mismo que si se evita el paso previo podríamos jugar
a los créditos en circunstancias favorables.
De nuevo la
forma retrata al fondo. Lo fácil ahora es meterse con alemanes con la antipática
figura de Angela Merkel. Pero puede que resulte razonable que Alemania exija a
España que avale el dinero. También es razonable que un alemán exija un
avalista de más garantías que la junta de accionistas de un banco que ya ha
dilapidado su capital en los últimos años.
Europa le pide
a Rajoy que abandone ese tono indolente y medio oscuro que alguno de sus chuscos
asesores le ha recomendado. Bajo el axioma de que cuando las cosas estén malas
lo, mejor es que no salgas a la luz pública, y cuando lo hagas, nada de improvisar,
lee todo. Y de tanto esconderse, resulta sospechoso hasta para sus colegas de profesión.
Aquí es cuando
no sé porque se me cruza por la cabeza la famosa frase de Steinbeck. Eso de que
el hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla
sin tener nada que decir.
Sin ánimo de revisar
las antologías de nadie. Yo le sumaba una cuarta. Algo así como que calla
cuando tiene algo que decir Todo esto suponiendo que Mariano sea de éste mundo.
¿Hay alguien ahí?