miércoles, 1 de agosto de 2012

De mamandurrías y patatas calientes

Semana de mamandurrias, artistas del regateo de responsabilidades y desgañitadas voces de auxilio.  Voy al diccionario y admiro la definición de mamandurrias. Lo que me imaginaba. “Sueldo que se disfruta sin merecerlo, sinecura, ganga permanente".

¿De quién hablamos? Esta definición ya me va cuadrando, pero me temo que nada que ver con el enfoque que se tiene desde la Puerta del Sol.

Con los tiempos que corren algunos políticos como la señora Aguirre que ha ganado buena parte de su prestigio por andar por el alambre sin aparente sufrimiento. Más bien disfrutando el trance que corresponda para hablar en nombre de sí mismo.

¿A quién se refiere la presidenta de la Comunidad de Madrid? A los funcionarios, a los estudiantes, a los sindicatos, a los mineros, a los parados, a lo que han perdido a su enfermera que les asiste dos horas a la semana de lunes a viernes, al que acudía a un curso de artesanía que le estaba haciendo olvidar tres eternos años de malos tratos, o drogas o cualquier otro rincón oscuro de la sociedad.

No creo que fuera dirigido a la legión de asesores a sueldo que tiene cada organismo. Algo más de un centenar parece ser que sólo tiene el Ayuntamiento de Madrid. ¿Cuántos tiene cada diputado? Porque no utilizan funcionarios que ya están en el engranaje del estado. Imagino que es más incómodo trabajar con alguien que pagamos todos y que no debe lealtades inequívocas.

Si lo que quiere decir que es hora de trabajar y arrimar el hombro. Desde luego el mensaje no debe ir a los que no tiene nada que trabajar, ni ningún hombro cercano al que arrimarse. Imagino que funcionarios y sindicatos en el punto de mira. Pero la que presume de hablar tan claro, lo mismo tampoco es para tanto.

Al final la señora Aguirre se queda en algo más anecdótico que otra cosa. La historia de su vida. Una dama del partido, de toda la vida, con una opinión que en ocasiones se utiliza con la zalamera práctica política del globo sonda. Que arranque Esperanza soltando lo que sea a medio camino entre la verdad incómoda, la media verdad interesada, y lo que le va dando la gana. Y luego ya lo dejaremos entre lo que íbamos avisando o el silencio tan emparentado con el olvido.

Mientras tanto, la clase política española a la búsqueda de la palabra que baste para sanar. Es decir, canto desesperado para poner el altavoz en la palabra del BCE, del Bundestag, de Merkel, de Monti, de Draghi, de la autoridad reconocida del día para que juegue con la supuesta confianza que despierta un país en los mercados. En unos días nos movemos 100 puntos arriba, otros cien para abajo.

Ese baile de confianza no hace más que confirmar que estamos dentro de un juego económico en el que se ponen  a jugar diversos índices desconocidos hace apenas unos meses, que tiene acongojado al personal, mientras que su vida diaria tampoco es que se altere mucho. Es decir, los que no tienen trabajo siguen sin él, y los que lo tienen andan entre el temor a perderlo y la congoja de unos dividendos cada vez menos solventes.

Y en ese juego varado de vender a los españoles lo mal que estamos, y lo necesario que somos todos para salir de algo que nos han metido unos pocos. El mensaje, como si fuera un virus mutante, tiene una versión hacía el exterior que habla de una solidez de una economía que en nada tiene que ver con países que ya fueron intervenidos.

Resumiendo, para adentro estamos muy mal, para afuera somos sólidos.  A los que hablan les gustaría que los de fuera se tapen las orejas cuando se habla para el público español. Y cuando se habla para afuera gusta vender la gestión a medio camino entre la esperanza de que salimos adelante, de que se nos respeta y de que si no salimos antes es porque no se nos ayuda lo suficiente.

Hay un verdadero problema entre lo que pensamos para adentro y lo que decimos para afuera. Esto en el S.XiX no tendría mayores problemas. Uno va a negociar lo que sea, se baja lo pantalones o no, ante el mandatario europeo que toque. A la vuelta podría vender la versión habilidosa que sea que nadie te iba a decir lo contrario.

Ahora hay que tener mucho cuidado sobre si el rescate de fuera es la línea de crédito de dentro. Entre si Alemania nos está ayudando o ahogando. Si Draghi nos ayuda o no. Si estamos sin un pavo o tenemos unas bases económicas sólidas.

No faltará que algún iluminado acabe echándole la culpa al mensajero.

Los medios de comunicación cada vez tiene un contorno menos definido. Y mientras en las oficialistas televisiones enseñan la versión oficial, las redes sociales multiplican las protestas.

Desde el conflicto de los mineros, hasta concentraciones a la puerta de organismos de diferente índole.

Que nadie se olvide que las medidas que se anuncian a bombo y platillo en un consejo de ministros, o más soterradamente en la página oficial del gobierno y en inglés, puede dar con personas de carne y hueso en la calle.

Y todo esto con muchas de las medidas anunciadas en estado latente, aún no efectivas.

Y mientras la gente ahoga su cabreo con los calores estivales, todo el mundo escurriendo el bulto y echándole la culpa al otro. Felipe Gonzalez habla de los errores de Aznar y Zapatero.  Vamos que todo empezó con la Ley del suelo y Zapatero no paró el caballo desbocado.

Rato carga contra Zapatero, Salgado y Fernández Ordoñez y de Guindos.  Unos porque le empujaron hacia unas condiciones de fusión que el como presidente de la corporación no tuvo los arrestos de parar. Y el último por perpetrar el ajusticiamiento y no escucharle.

Fernández Ordoñez carga contra la gestión de Rato y la ola de desprestigio propiciada por Rajoy, Salgado dice que ella hacia política en función de los datos que tenía, es decir, la culpa es de los técnicos. El gallego Gayoso dice que el sólo firmaba.

El verdadero espectáculo de la patata caliente. Cógelo tú.  No, yo no lo quiero.  Yo hice lo que pude. Tú tampoco. Teníamos la información que teníamos. Situación de recesión sin precedentes. Mas excusas que razones en un marco de pantomima mayúsculo.

En definitiva, la culpa la va tener el peatón, el profesional por cuanta ajena o el autónomo, el estudiante y el minero, o directamente el funcionariado. Para los banqueros los políticos, para los políticos los banqueros, para los dos la recesión, para la recesión el pueblo que no consume, para el pueblo todos menos ellos, para lo que trabajan los que no lo hacen, para los que no lo hacen los que trabajan,… para lo americanos Europa, para Alemania los países del sur, para los países del sur los alemanes…

En definitiva, un ejercicio maestro, perfecto y cerrado. Para mi la culpa es tuya, para ti naturalmente que mía.

Si alguien ve pasar la autocrítica por algún lado que le diga que se peque una vuelta por España. Cada día estoy más convencido que las grandes frases de la cultura popular del tipo que “de los errores se aprenden”, se suelen aplicar para los ajenos, no para uno mismo. Ahora va a resultar que todo el mundo hizo lo que debía hacer. Como decía la caricatura mítica del dibujante, no meno míutico, Forges con ese aire entre lacónico y resignado: “Pais,…"

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