¿De quién
hablamos? Esta definición ya me va cuadrando, pero me temo que nada que ver con
el enfoque que se tiene desde la Puerta del Sol.
Con los
tiempos que corren algunos políticos como la señora Aguirre que ha ganado buena
parte de su prestigio por andar por el alambre sin aparente sufrimiento. Más
bien disfrutando el trance que corresponda para hablar en nombre de sí mismo.
¿A quién se
refiere la presidenta de la Comunidad de Madrid? A los funcionarios, a los
estudiantes, a los sindicatos, a los mineros, a los parados, a lo que han
perdido a su enfermera que les asiste dos horas a la semana de lunes a viernes,
al que acudía a un curso de artesanía que le estaba haciendo olvidar tres eternos
años de malos tratos, o drogas o cualquier otro rincón oscuro de la sociedad.
No creo que
fuera dirigido a la legión de asesores a sueldo que tiene cada organismo. Algo
más de un centenar parece ser que sólo tiene el Ayuntamiento de Madrid.
¿Cuántos tiene cada diputado? Porque no utilizan funcionarios que ya están en
el engranaje del estado. Imagino que es más incómodo trabajar con alguien que
pagamos todos y que no debe lealtades inequívocas.
Si lo que
quiere decir que es hora de trabajar y arrimar el hombro. Desde luego el
mensaje no debe ir a los que no tiene nada que trabajar, ni ningún hombro
cercano al que arrimarse. Imagino que funcionarios y sindicatos en el punto de
mira. Pero la que presume de hablar tan claro, lo mismo tampoco es para tanto.
Al final la
señora Aguirre se queda en algo más anecdótico que otra cosa. La historia de su
vida. Una dama del partido, de toda la vida, con una opinión que en ocasiones
se utiliza con la zalamera práctica política del globo sonda. Que arranque
Esperanza soltando lo que sea a medio camino entre la verdad incómoda, la media
verdad interesada, y lo que le va dando la gana. Y luego ya lo dejaremos entre
lo que íbamos avisando o el silencio tan emparentado con el olvido.
Mientras
tanto, la clase política española a la búsqueda de la palabra que baste para
sanar. Es decir, canto desesperado para poner el altavoz en la palabra del BCE,
del Bundestag, de Merkel, de Monti,
de Draghi, de la autoridad reconocida del día para que juegue con la supuesta
confianza que despierta un país en los mercados. En unos días nos movemos 100
puntos arriba, otros cien para abajo.
Ese baile de
confianza no hace más que confirmar que estamos dentro de un juego económico en
el que se ponen a jugar diversos índices
desconocidos hace apenas unos meses, que tiene acongojado al personal, mientras
que su vida diaria tampoco es que se altere mucho. Es decir, los que no tienen
trabajo siguen sin él, y los que lo tienen andan entre el temor a perderlo y la
congoja de unos dividendos cada vez menos solventes.
Y en ese juego
varado de vender a los españoles lo mal que estamos, y lo necesario que somos
todos para salir de algo que nos han metido unos pocos. El mensaje, como si
fuera un virus mutante, tiene una versión hacía el exterior que habla de una
solidez de una economía que en nada tiene que ver con países que ya fueron
intervenidos.
Resumiendo,
para adentro estamos muy mal, para afuera somos sólidos. A los que hablan les gustaría que los de
fuera se tapen las orejas cuando se habla para el público español. Y cuando se
habla para afuera gusta vender la gestión a medio camino entre la esperanza de
que salimos adelante, de que se nos respeta y de que si no salimos antes es
porque no se nos ayuda lo suficiente.
Hay un verdadero
problema entre lo que pensamos para adentro y lo que decimos para afuera. Esto
en el S.XiX no tendría mayores problemas. Uno va a negociar lo que sea, se baja
lo pantalones o no, ante el mandatario europeo que toque. A la vuelta podría
vender la versión habilidosa que sea que nadie te iba a decir lo contrario.
Ahora hay que
tener mucho cuidado sobre si el rescate de fuera es la línea de crédito de
dentro. Entre si Alemania nos está ayudando o ahogando. Si Draghi nos ayuda o
no. Si estamos sin un pavo o tenemos unas bases económicas sólidas.
No faltará que
algún iluminado acabe echándole la culpa al mensajero.
Los medios de
comunicación cada vez tiene un contorno menos definido. Y mientras en las
oficialistas televisiones enseñan la versión oficial, las redes sociales
multiplican las protestas.
Desde el
conflicto de los mineros, hasta concentraciones a la puerta de organismos de
diferente índole.
Que nadie se
olvide que las medidas que se anuncian a bombo y platillo en un consejo de
ministros, o más soterradamente en la página oficial del gobierno y en inglés,
puede dar con personas de carne y hueso en la calle.
Y todo esto
con muchas de las medidas anunciadas en estado latente, aún no efectivas.
Y mientras la
gente ahoga su cabreo con los calores estivales, todo el mundo escurriendo el
bulto y echándole la culpa al otro. Felipe Gonzalez habla de los errores de
Aznar y Zapatero. Vamos que todo empezó
con la Ley del suelo y Zapatero no paró el caballo desbocado.
Rato carga
contra Zapatero, Salgado y Fernández Ordoñez y de Guindos. Unos porque le empujaron hacia unas condiciones
de fusión que el como presidente de la corporación no tuvo los arrestos de
parar. Y el último por perpetrar el ajusticiamiento y no escucharle.
Fernández
Ordoñez carga contra la gestión de Rato y la ola de desprestigio propiciada por
Rajoy, Salgado dice que ella hacia política en función de los datos que tenía,
es decir, la culpa es de los técnicos. El gallego Gayoso dice que el sólo
firmaba.
El verdadero
espectáculo de la patata caliente. Cógelo tú.
No, yo no lo quiero. Yo hice lo
que pude. Tú tampoco. Teníamos la información que teníamos. Situación de
recesión sin precedentes. Mas excusas que razones en un marco de pantomima mayúsculo.
En definitiva,
la culpa la va tener el peatón, el profesional por cuanta ajena o el autónomo,
el estudiante y el minero, o directamente el funcionariado. Para los
banqueros los políticos, para los políticos los banqueros, para los dos la
recesión, para la recesión el pueblo que no consume, para el pueblo todos menos
ellos, para lo que trabajan los que no lo hacen, para los que no lo hacen los
que trabajan,… para lo americanos Europa, para Alemania los países del sur,
para los países del sur los alemanes…
En definitiva,
un ejercicio maestro, perfecto y cerrado. Para mi la culpa es tuya, para ti
naturalmente que mía.
Si alguien ve
pasar la autocrítica por algún lado que le diga que se peque una vuelta por
España. Cada día estoy más convencido que las grandes frases de la cultura popular
del tipo que “de los errores se aprenden”, se suelen aplicar para los ajenos,
no para uno mismo. Ahora va a resultar que todo el mundo hizo lo que debía
hacer. Como decía la caricatura mítica del dibujante, no meno míutico, Forges
con ese aire entre lacónico y resignado: “Pais,…"
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