El gran Luis García Berlanga retrató a un país a
través de sus “Escopetas Nacionales” hace unas décadas. Desde la sátira y el
humor. Desde esa peculiar lente que siempre le acompañó desnudaba vergüenzas y
verdades. Entonces hablaba de como la España tradicional se abría a una época
de libertades. Desde el prisma de una familia noble que simbolizaba una España
que olía naftalina y que caminaba hacia la luz del primer intento democrático
sólido. Algún escarceo anterior murió en el intento.
Berlanga acostumbrada a burlar la censura franquista a
través de sus obras maestras Calabuch, El verdugo, Bienvenido Mister Marshall,
entre otras, era un consumado artista en aumentar el PH de una risa para
flagelar toda una clase social, todo un modo de hacer, la propia infraestructura
social de un país tan ansioso de salir del rancio españolismo mediopensionista
que nos invadía hacia una Europa mucho más perfumada.
Berlanga siempre resumió el arte de escapar a la
censura en un pensamiento que repitió en no pocas entrevistas. Aquello de que
si querías contar algo bastaba con mostrar un pecho femenino en la escena
anterior, imagino que un beso apasionado ya podría valer. Las tijeras del
censor cortaba el “obsceno” beso para dejar al aire esa cinética escena en
Bienvenido Mr. Marshall, cuando el “convoy” del presidente norte-americano pasa
de largo de Villar del Río. Alguien podría pensar que los americanos pasaron de
largo de España cuando implementaron aquel Plan Marshall que trataba de
reflotar una Europa destruida por las guerras mundiales.
Regresando a las Escopetas Nacionales , Berlanga
fotografía a un país a través de una familia aristócrata venida a menos. Con
títulos y tradición, y unos aires de grandeza que se estrellaban con la dura
realidad.
Fue la época donde este país adecentó su imagen.
Cambió, sobre todo lo externo para vender una Transición ejemplar y
fundamentalmente, por lo que se ve hacer negocios. EN realidad, y sin negar avances en todos los
campas, si se rascaba, cómo en aquellas Escopetas Nacionales las cacerías a la
sombra del franquismo donde reunía las crema financiera, política y religiosa
cambio pocas caras. Pasamos de Toledo a Zimbabue, de jabalíes a elefantes u osos.
Pero vamos que a la puerta, aparcados los mismo coches.
Regresando a nuestros días, ni el más afilado Berlanga
poría plantear un país avergonzado de sí mismo. Con una cura de humildad
histórica.
Cuando nos creíamos alguien, viene los de siempre para
decirnos que nos quedemos ahí. Que somos un país de servicios. Con una pregunta
que aparece en varios medios eruopeos, pero donde ha empelado España todos lo
fondos recibidos en las últimas dos décadas.
Mientras tanto pasamos un agosto al borde del rescate.
Mientras Rajoy descansa en Galicia, por el resto del mundo parece que no
descansa nadie. Obama al pie del cañón dividiendo su tiempo entre la preocupación
por Europa y las elecciones de noviembre. Monti
acude a Alemania y Finlandia. Pide tiempo y avisa a navegantes. Como se
pare el Euro, se para el mercado, y los usureros que andan financiándose prácticamente
en negativo mientras otros pagarán unos intereses que valen por el completo
recorte en educación.
Por otro lado el aviso del líder italiano anuncia un
panorama nada descartable. En Italia los populistas seguidores del defenestrado
Berlusconi, ya hablan de volver a la lira. D fondo un resentimiento hacia
Europa. Lo mismo aquellos que tras la celebrada Mastrich que fijó el anunciado
Euro anunciaron los rpoblemas de la inoiperancia de una única moneda sin unión
bancaria y fiscal podría propiciar que los paises expansionista se montaran ene
la caballo del dinero para plantear otro tipo de dominio.
Nada descartable que con el otronño caliente que se
plantea en España, con rescates y recortes en el horizonte alguien lance el
mensaje de la inoperancia de un Banco central Europeo que no defiende con la energía
que se le presupone al Euro.
Empieza a apestar un poco como una clase política que comienza
a ser más un problema que una solución se concentran en mantener unos índices
económicos obviando a la gente que lo sustenta. Al final tendremos tan
controlada la inflación como el propio hambre, o las estrecheces, o casi peor
la falta de futuro de una generación obligada a levantarse para pedir lo suyo.
El disparate es tan mayúsculo que hasta el Rey retrasa
su llegada a Marivent para vender una reunión de trabajo con los representantes
sindicales. Sí, he dicho el Rey y los sindicatos. La ola crece cuando el
alcalde de Marinaleda abandera la expropiación de varios carritos de comida de
dos supermercados para repartirlo por comedores sociales de Sevilla, en
protesta por la cantidad de alimentos que tiran lo supermercados diariamente
por no comercializarlos a tiempo.
Siendo poco elegante lo primero. Quizá resulta
moralmente mucho peor lo segundo.
Por otro lado 200.000 españoles que cobran unos 400
euros de un fondo bajo el nombre de Plan prepara sufren un retraso en el pago
coincidiendo con el debate nacional sobre si se reueva esta prestación a no.
Como estaos en España y este plan está destinado a parados de larga duración
para que encuentren un trabajo, nadie les prepara para nada y el éxsito de
reinserción del mercado alboral naturalmente se mueve bajo índices bajísimos.
Mientras tanto el presidente del gobierno interrumpe
sus vacaciones en Galicia para pasarse por Marivent, despacha con el rey,
renueva el plan Prepara y se marcha unos días a Doñana. Que para eso es
presidente del Gobierno.
Hablando de Parques Nacionales. España arde. El peor
verano que se recuerda. El 20% de recorte en los presupuestos antincendios del
presente año se justifica por la gran inversión en años anteriores como si el
bosque entendiera de algo de esto. Por otra parte, la suma de fallecidos, vidas
enteras destrozadas, recursos naturales esquilmados ya tiene precio. Lo digo
por aquellos que en la socorrida pieza de un telediario suelen hablar de
pérdidas de daños incalculables.
Y cierro volviendo a Berlanga. Dicen que el último
cine de Berlanga era menor. Que después de las obras maestras ya mencionadas en
párrafos anteriores llegó “Todos a La Cárcel”. Allí los políticos y empresarios
unidos al ladrillazo campaban a sus anchas. Desde la misma cárcel seguían
construyendo y maquinando. No podemos hablar de premonitorio porque el panorama
ya estaba a la vista de todos. Los delincuentes de supermercados cumplían
condenas, mientras los de siempre parecían que hasta lo disfrutaban. Para que me
entiendan, los de los carritos del súper y los de las comisiones o cesantías a
costa del erario público.
Ah sí y Mariano
sigue de vacaciones. Vamos Agosto en España.
No hay comentarios:
Publicar un comentario