lunes, 3 de septiembre de 2012

Telebasura y crónica negra


Dicen que la Telebasura nació el día que Nieves Herrero canalizó la indignación nacional ante el asesinato de los que en su época se conoció bajo el nombre de las niñas de Alcasser. Allí, con la familia y los vecinos, lógicamente indignados por la calentura de la aberración se montó un escenario en la plaza del pueblo valenciano para convertirlo en el patíbulo nacional.
La palabra telebasura se utiliza con excesiva ligereza. Unos lo generalizan ante cualquier tipo de emisión, atribuyendo a la televisión un papel formativo que a ratos traza. Otros huyen del palabro situándolo justo debajo del paraguas de la televisión espectáculo.
Al final todo parte del error de enfrentar la educación y la divulgación frente al espectáculo. Cuando la telebasura posiblemente habite en un lado y en otro.
Pero la peor telebasura es la que anuncia una cosa y te da otra. Es decir, esta semana la España negra, la blanca, la verde, la roja y la azul, se ha sobrecogido con los hallazgos de Las Quemadillas.
A la espera de que se confirmen los peores augurios. Los que se presagiaba desde prácticamente los primeros días, cuando más o menos se dibujaron las líneas maestras de una relación que tocó a su fin con dos niños por el medio y una obsesión como fondo. Y por supuesto, un hijo de puta en el ajo.
Sin entrar en mayores pormenores sobre la investigación, sobre todas la pruebas periciales acumuladas, y ninguna evidencia clara. El convencimiento desde el principio es que el señor Bretón era el responsable de la desaparición de sus hijos, que los tiempos, las llamadas, los niños y el parque no terminaban de cuadrar, y que la clave estaba en la finca familiar de tan desafortunado nombre.
Todo más o menos hilado excepto la hoguera. Los restos allí encontrados dieron un primer informe negativo en cuánto a su naturaleza humana, y la comunidad científica ahora, después de anunciar que son humanos, parece ser que hablan de la facilidad para identificarlos. Uno que es de letras se queda con lo que unos y otros van diciendo, a todos los creo porque se supone que ellos saben más del tema, pero es razonable dudar sobre investigaciones y diagnósticos pasados. Básicamente por una cuestión matemática, tres informes recientes desdicen al inicial.
Bueno regresando al tema televisivo. La telebasura se manifiesta desde el mismo corazón de la mentira.
Presentadores que aparecen desde la dulzura ñoña vendiendo argumentos de alta calificación moral, vistiéndoles de interés social, para sacar el bofe del personaje o la situación que trate. Todo por un 20% de share. Bonito argumento para justificar la casquería.
Colaboradores que rinden pleitesía a sus topos policiales, aunque hubieran metido la pata hasta el infinito. Por ejemplo, imaginen un periodista de la crónica negra con cara de profesional intachable que pone por delante la investigación policial inicial por encima de los forenses que hablan del error inicial. Para colmo desde su twiter su hace literalmente “el orejas” moviendo el foco hacia su falta de interés por defender al encausado, supuestamente asesino de sus propios hijos, que él solo se crea que ha matado a los hijos de su mujer. Pero vamos a ver, nadie ve que está defendiendo a la policía.
Según pasan los días, y después de avalar una investigación inicial cómo si la hubiera realizado él mismo, asume la situación vigente, cómo si él hubiera sido el primero en apuntarla. Sin pudor de ningún tipo mantiene con distintos argumentos el mismo papel, de periodista, policía, fiscal, juez y parte.
Por otro lado, estos mismos periodistas venían diseñando un perfil del supuesto asesino como de alguien sumamente frio, inteligente, minucioso hasta la enfermedad. Y todo porque era militar y estuvo en Kosovo.
Vamos a ver, militares, ciudadanos de Kosovo, fontaneros, austro-húngaros o abulenses, los hay muy inteligentes y muy poco. Como todos.
Porque al final, de momento, todo indica que si la primera investigación forense sobre la hoguera hubiera llegado a las mismas conclusiones que las recientes, en menos de un mes todo se habría cerrado, y el señor hijo de puta, además sufriría el estigma del estúpido. Un pobre hombre con una inteligencia emocional al nivel de la primera de las amebas.
Todo lo que hizo para despistar fue registrado por cámaras, los tiempos no encajan y el asesinato se consumó en su propia casa. Cómo estudiado plan, un poco pobre.      
Más sobre la fauna carroñera. Colaboradores pintones que aparecen hablando de Gibraltar o del caso que toque. Como soy abogado, sé de leyes. De pronto aparece por allí una abogada de esas que pasa más tiempo en los juzgados que en la televisión, y la apabulla con argumentos, pero como en los platós de televisión importa más inflamarse que razonar, pues alguien coge el dinerito fresco y hasta el próximo debate. Por cierto ¿Cuál era el tema?
Lo más triste es que entre toda esta fauna televisiva aparecen opiniones notables, voces interesantes, gente que aparece en los medios en virtud de un desempeño profesional  y de un prestigio basado en el trabajo.
Yo no soy uno de esos que dicen que no vi el debate, que estaba viendo un documental de la 2. No, yo lo vi, con las narices tapadas, metido en la basura hasta la rodillas, buscando el criterio de unos pocos, que también lo había.
El espectáculo del horror de nuevo en primera plana. Lo mismo, el causante de todo ello, andaba con el ego por las nubes, porque un imbécil mejor vestido que vivido le daba el perfil de lo que siempre quiso ser, y no es.
Lo que es, lo sabe él, y en breve se lo dirá un juez.

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