Dicen que la Telebasura nació el día que Nieves Herrero canalizó la indignación nacional
ante el asesinato de los que en su época se conoció bajo el nombre de las niñas
de Alcasser. Allí, con la familia y los vecinos, lógicamente indignados por la
calentura de la aberración se montó un escenario en la plaza del pueblo
valenciano para convertirlo en el patíbulo nacional.
La palabra
telebasura se utiliza con excesiva ligereza. Unos lo generalizan ante cualquier
tipo de emisión, atribuyendo a la televisión un papel formativo que a ratos
traza. Otros huyen del palabro situándolo justo debajo del paraguas de la
televisión espectáculo.
Al final todo parte
del error de enfrentar la educación y la divulgación frente al espectáculo.
Cuando la telebasura posiblemente habite en un lado y en otro.
Pero la peor
telebasura es la que anuncia una cosa y te da otra. Es decir, esta semana la
España negra, la blanca, la verde, la roja y la azul, se ha sobrecogido con los
hallazgos de Las Quemadillas.
A la espera de que
se confirmen los peores augurios. Los que se presagiaba desde prácticamente los
primeros días, cuando más o menos se dibujaron las líneas maestras de una
relación que tocó a su fin con dos niños por el medio y una obsesión como
fondo. Y por supuesto, un hijo de puta en el ajo.
Sin entrar en
mayores pormenores sobre la investigación, sobre todas la pruebas periciales
acumuladas, y ninguna evidencia clara. El convencimiento desde el principio es
que el señor Bretón era el responsable de la desaparición de sus hijos, que los
tiempos, las llamadas, los niños y el parque no terminaban de cuadrar, y que la
clave estaba en la finca familiar de tan desafortunado nombre.
Todo más o menos
hilado excepto la hoguera. Los restos allí encontrados dieron un primer informe
negativo en cuánto a su naturaleza humana, y la comunidad científica ahora,
después de anunciar que son humanos, parece ser que hablan de la facilidad para
identificarlos. Uno que es de letras se queda con lo que unos y otros van
diciendo, a todos los creo porque se supone que ellos saben más del tema, pero
es razonable dudar sobre investigaciones y diagnósticos pasados. Básicamente
por una cuestión matemática, tres informes recientes desdicen al inicial.
Bueno regresando al
tema televisivo. La telebasura se manifiesta desde el mismo corazón de la
mentira.
Presentadores que
aparecen desde la dulzura ñoña vendiendo argumentos de alta calificación moral,
vistiéndoles de interés social, para sacar el bofe del personaje o la situación
que trate. Todo por un 20% de share. Bonito argumento para justificar la
casquería.
Colaboradores que
rinden pleitesía a sus topos policiales, aunque hubieran metido la pata hasta el
infinito. Por ejemplo, imaginen un periodista de la crónica negra
con cara de profesional intachable que pone por delante la investigación
policial inicial por encima de los forenses que hablan del error inicial. Para
colmo desde su twiter su hace literalmente “el
orejas” moviendo el foco hacia su falta de interés por defender al
encausado, supuestamente asesino de sus propios hijos, que él solo se crea que
ha matado a los hijos de su mujer. Pero vamos a ver, nadie ve que está
defendiendo a la policía.
Según pasan los
días, y después de avalar una investigación inicial cómo si la hubiera
realizado él mismo, asume la situación vigente, cómo si él hubiera sido el
primero en apuntarla. Sin pudor de ningún tipo mantiene con distintos argumentos el mismo papel, de periodista, policía, fiscal, juez y parte.
Por otro lado, estos
mismos periodistas venían diseñando un perfil del supuesto asesino como de
alguien sumamente frio, inteligente, minucioso hasta la enfermedad. Y todo
porque era militar y estuvo en Kosovo.
Vamos a ver,
militares, ciudadanos de Kosovo, fontaneros, austro-húngaros o abulenses, los
hay muy inteligentes y muy poco. Como todos.
Porque
al final, de momento, todo indica que si la primera investigación forense sobre
la hoguera hubiera llegado a las mismas conclusiones que las recientes, en menos
de un mes todo se habría cerrado, y el señor hijo de puta, además sufriría el
estigma del estúpido. Un pobre hombre con una inteligencia emocional al nivel
de la primera de las amebas.
Todo lo que hizo para
despistar fue registrado por cámaras, los tiempos no encajan y el asesinato se
consumó en su propia casa. Cómo estudiado plan, un poco pobre.
Más sobre la fauna
carroñera. Colaboradores pintones que aparecen hablando de Gibraltar o del caso
que toque. Como soy abogado, sé de leyes. De pronto aparece por allí una abogada
de esas que pasa más tiempo en los juzgados que en la televisión, y la apabulla
con argumentos, pero como en los platós de televisión importa más inflamarse
que razonar, pues alguien coge el dinerito fresco y hasta el próximo debate.
Por cierto ¿Cuál era el tema?
Lo más triste es que
entre toda esta fauna televisiva aparecen opiniones notables, voces
interesantes, gente que aparece en los medios en virtud de un desempeño
profesional y de un prestigio basado en el trabajo.
Yo no soy uno de esos
que dicen que no vi el debate, que estaba viendo un documental de la 2. No, yo
lo vi, con las narices tapadas, metido en la basura hasta la rodillas, buscando
el criterio de unos pocos, que también lo había.
El espectáculo del
horror de nuevo en primera plana. Lo mismo, el causante de todo ello, andaba
con el ego por las nubes, porque un imbécil mejor vestido que vivido le daba el
perfil de lo que siempre quiso ser, y no es.
Lo que es, lo sabe él, y en breve se lo dirá un juez.
Lo que es, lo sabe él, y en breve se lo dirá un juez.
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