En algún artículo anterior ya equiparé la pancarta,
así en genérico, tanto en forma como contenido, con las encuestas sociológicas.
A la par que grita una verdad, esconde otras. A veces, incluso de cierto
tamaño. No representan a la totalidad pero sirve de aglutinador de voluntades.
Sobre todo a los lectores, que buscan la frase que unifique.
Mucha pancarta se ve últimamente en un lado y en otro.
La marea de colores del pasado sábado, con cinco manifestaciones distintas
uniéndose en un objetivo común bien podría servir como miscelánea de
peticiones. Por un lado la blanca sanidad, donde pide recuperar terreno en
cuanto a recursos y servicios, con todo lo que ello implica. La marea negra nos
traía el chapapote de los recortes en el funcionariado. Protestan por una merma
notable en su poder adquisitivo. La marea verde de la esperanza de un país. La
educación. En el fondo alguien grita que para aligerar peso en la nave no se
puede tirar el motor. Una marea naranja que denuncia los recortes sociales. En
muchos casos partidas mínimas que prestaban un gran servicio. Que no arreglan
ningún problema ahorrándose esa subvención y que deja a su suerte a tanta
gente. Más de lo que el que gobierna imagina. Naturalmente quién no se puede
pagar otro tipo de asistencia o actividad. Y por último la violeta. Que viene
directamente desde el corazón del naranja, y que afecta a las mujeres, a los
recortes en contra de la violencia machista, la ley de dependencia. Además el
rojo de las asociaciones sindicales con un mensaje general de parar los recortes
y de paso recuperar algún paso ganado. Un siglo XX lleno de sangre y avances en
tantos aspectos da paso a un XXI con tijeras.
No es nada original reflejar que a uno le da la
sensación que a la izquierda de occidente se le cayó el Muro encima. Que el
capitalismo era más humano en convivencia con el Comunismo. Aunque sólo sea por
contraste, por la defensa del ideal del modelo la clase obrera fue conquistando
parcelas en casi todos los campos. Ahora sin contraste los mercados campan a
sus anchas, juegan con precios, impuestos e inversiones como si un juego de
mesa se tratara.
Anoto una fecha en el santoral de la democracia.
Principio y final en Grecia. Alfa y Omega. Allí nació, y allí Europa entregó la
voluntad soberana de un pueblo a un grupo de banqueros que cuadran gráficos a
pie de la Acrópolis. Como decía Miguel Gila en su mítico parlamento sobre un
viaje por Europa, a su gusto un poco rota. No dirán que no es todo un símbolo.
De regreso a las mareas, y a las pancartas veamos lo
el pueblo soberano español reclama a los mercados o en este caso a quién los
representan.
Hay un grupo de pancartas digamos que de inspiración
cinematográficas. “No es país para cerdos”. La fotos de ministros y
personalidades se las pueden ustedes imaginar, gobierno al completo ya algún
que otra personalidad notable del PP”. Por otro lado una ingeniosa llamada de
Obama disfrazado de Loca Academia de Policías, con Frau Merkel al fondo embutida en un casco prusiano, que llaman a un
balbuceante Rajoy que viene a decirle a todo que sí. Y por otro lado un Espe Atacks, privatizando todo lo que
pueda para hacer caja.
La dimisión de la presidenta de la Comunidad de Madrid
vino un par de días después, y resultaba inevitable, alguna referencia al incidente de la pasada
semana en la apertura del curso escolar. Imaginen quien debería comer en tuper según el grafista de la pancarta
en cuestión.
Luego aparece la iconografía más o menos esperada.
Mariano es Pinocho y un títere, por el mismo precio. Se niegan las temidas
tijeras, es decir “no a las tijeras” con textos al subtítulo que viene a decir
que “sin pan no habrá paz”.
Alguna más inesperada, también para iniciados en
historia. Imaginen “Hitler, 17 millones de votos. Demócrata?” Es decir, que
aunque los votos se renuevan cada año hay que legitimarlo día a día. La
democracia es algo más que votar cada cuatro años, y eso no legitima a un
gobierno a ir en contra de la voluntad del pueblo. Todo esto es muy discutible
en todos los aspectos. Para empezar mi propia interpretación, que seguramente
coincide con lo que a mi me gustaría que significara esa pancarta. Y lo mismo
nada que ver con la verdadera intención.
La Blanca
Sanidad retrataba a la ministra Ana Mato incluida en un paquete de tabaco.
El mensaje sobre el peligro que avisaban las “autoridades sanitarias” apuntaban
hacia el ministerio claro está. Por otro lado otra mucho menos visual pero
objetivamente impecable, “con la sanidad no se juega”. Me temo que ya llevamos un tiempo haciéndolo.
Me sigue pareciendo increíble que el precio de un medicamento sea diferente en
cada comunidad autónoma. O que depende en que hospital caigas para que las
medicaciones se alteren en base a protocolos diversos. Todo el mundo habla de
derechos fundamentales de la constitución y la igualdad queda en entredicho ante
este tipo de circunstancia.
El ministro Wert y su recorte educativo tuvo gran
presencia. No olvidemos que estamos en temporada alta de compra de manuales y
material escolar, matriculas, becas,… Es decir, cuando se anuncia un recorte el
pueblo protesta. Cuando el recorte lo está padeciendo, es lógico pensar que la
gente anda más receptiva al efecto. Hablando en plata, el cabreo sube de
temperatura. Estos son algunos ejemplos, “Menos dinero para los banqueros y más
para lo maestros”, “La educación no es secundaria”, “Wert caricaturizado como
medallista de oro olímpico de las pinocholimpiadas”
y otra de plena actualidad, “Tranquilos ya no hace falta sacarse una carrera,
trabajaremos en Eurovegas”.
Merkel arrulla a Rajoy, Urdangarín en la picota, los
banqueros y políticos defraudaroes enviados a galeras.
Y un clásico. La mítica frase de Martin Luther King
españolizada y actualizada. Cuando en Washington el líder afroamericano
entonaba aquello de que “He tenido un sueño…”. En este caso la pancarta
terminaba con “…éramos iguales”.
Al hilo de esta pancarta, y de la repercusión que la
manifestación de las mareas tuvo en medios de comunicación alguna reflexión.
Parece ser que los medios oficiales hablan de un resultado por debajo de lo
esperado. Acostumbrados estamos ante cualquier manifestación de manejar
versiones que van del blanco al negro. Del triunfo al fracaso.
Las manifestaciones muchas veces no son más efectivas
por su abrumadora presencia, el silencio también habla, porque el miedo
lamentablemente no emite nada. Lo importante es la capacidad para decir no,
para no resignarse, para luchar. Lo que consiguió el pueblo ahora lo ganó a
buen coste. No es momento para la
aceptación cartesiana de los hechos consumados. El apechugar con los excesos de
unos pocos.
Cuando Rosa Parks se negó en 1955 a ceder el puesto de
un autobus a un blanco en montgomery encendió la llama que acabó xon la
segregación. Martin Luther King pronunció el famoso discurso que concluyó la
marcha sobre Washingto. Martin Luther king anunció un sueño. Obama treinta años
después lo cumplió.
Sobre las otras pancartas, las que al principio llamé
del otro lado. Las que vemos a diario en medios comunicación de distinto pelaje
dicen que España no es Grecia, que el rescate blando casi ni nos enteramos, que
no hay alternativa, que estamos a la menos mala de las soluciones, que toca
resignarse, que la democracia solo se ejerce cada cuatro años, que solo hay un
camino…
No hay color.
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