Marxismo
en estado puro. Marxismo de Groucho quiero decir. Absurdo como celebrar un
rescate, o una línea de crédito en condiciones favorables. Por lo menos tenemos
algo medio claro, y es que condiciones favorables es exactamente el 3% de
interés.
Y digo
marxismo por aquello por aquello de que por mi cabeza cruza la célebre frase,
de “señores tengo unos principios, si no le gustan tengo otros”.
En
artículos anteriores hablaba de llamar a las cosas por su nombre. De evitar eufemismos
estúpidos. Todavía dentro del debate nacional, mientras un presidente de
gobierno llama tomates a lo que la oposición llama rescates, no deja de ser un
juego dialéctico en busca de un puñado de votos, de un respaldo social.
Unos
dicen que los tomates únicamente los pagaran los bancos. Otros se centran en
que si no se pagan esos tomates prestados será el Estado quien pierda toda su
huerta. Otros apuntan si esos tomates van a llegar al pueblo llano. Y otros
manejan como afectará a la huerta de todos esos tomates que lo mismo ni ven. En
el mejor de los casos en un par de años.
El
juego dialectico escala hasta el absurdo. Y en medio del debate hay quien habla
de los beneficios que el estado puede obtener del préstamo a los bancos españoles.
Aquí relacionar la vinculación de la Unión Europea, los bancos españoles y el
estado español es una pura entelequia. Por qué el estado obtendría ese beneficio
si se pregonan que el estado no se verá afectado por todo esto.
Lo peor
es que la prensa internacional no se pierde en cuestiones formales. Bueno
directamente se mueren de risa, a la par que saldan esa deuda que se suele cobrar,
imagino que también en condiciones favorables, cuando un gobierno en bloque
niega la mayor. Cuando la semana pasada medios como el Financial Times publicaba lo que iba a ocurrir
durante el fin de semana, aquí simplemente se denostaba.
El desbarajuste
es imperial. Nos perdemos en el adjetivo, y no vamos al nombre. La incertidumbre
sobre el acuerdo, la presentación del mismo como una victoria gloriosa, la
imagen disparatada de interlocutores que se niegan a sí mismos y al contrario,
en plazos tan vertiginosos como dos o tres días, proyecta una imagen que no inspira
confianza alguna. A nadie.
Un
ministro dice que no habrá intervención, otro que sí, otra que puede, el
presidente sale al paso para parar el guirigay y se atribuye la facultad de ser
la única voz autorizada. Al día siguiente, cuando se presentó el tomate o el
rescate al mundo mundial, el único interlocutor válido no aparece, y sale De Guindos
anunciando las líneas maestras. La opinión pública se mosquea, y se pregunta
por el interlocutor. Mariano duda sobre acercarse a Gdank a ver el España-Italia.
Y decide, prácticamente a pie de escalerilla de avión presentar el acuerdo con
el mismo triunfalismo que el día anterior, pero matiza a De Guindos. Rajoy,
marcha a Polonia, Italia se adelanta en el marcador. Cesc empata, damos por bueno
el resultado, y esto se contagia a la apertura de los mercados del lunes.
Bueno
hablamos de las dos primeras horas. La bolsa arranca bien, la prima de riesgo
se encoge. El clima de triunfalismo ayuda a arrancar el lunes con cierto
optimismo. Mientras unos comienzan a frotarse las manos, el que mueve los hilos
se pone a pensar, y como no sabe condiciones, como alguien ve que no se aclaran
ni con el nombre de la maniobra financiera, aparece el estado ese que podríamos
fotografiar al dibujo animado que ustedes quieran, que comienza a correr sobre
la loma de una montaña, y corre, y corre, y cuando mira hacia abajo se da
cuenta que esta en el aire. De pronto, antes de precipitarse una rama aparece
simbolizando el clavo ardiendo que solo soltará cuando quede un poco más claro
todo.
Es
decir, la subida en bolsa queda en amago. Y la prima de riesgo regresa a índices
más altos que la semana anterior. Por lo menos el España-Italia había terminado,
si no…
Más
allá del nombre. De si tomates o rescates. Lo verdaderamente indignante es el
trato absolutamente naif que los políticos españoles tienen con su pueblo. Ese
tono paternalista, ese simplismo para explicar las cosas, esa estupidez general
molesta porque se piensa que ellos son más listos que nosotros. La casta política
cada vez está más lejos del pueblo, y comienza a ser preocupante de verdad. O
espabilan o están abonando el terreno hacia posturas políticas apocalípticas,
de esas que aprovechan el sistema para tirarlo abajo. Y para revertir la sana divergencia en el
enfrentamiento total. Del juego de los grises, al blanco y negro del conmigo o
contra mí.
Un político
que considere a su pueblo. Que esté a la altura. Explicaría el prestamo. Diría
que es el estado quien avala. Que posiblemente para llegar a los índices macroeconómicos
exigido es posible que halla que recortar/ajustar por algún lado. Pero que si
seguimos trabajando por aquí el dinero de esos bancos acabará saliendo a la
calle, en más cantidad o simplemente más barato. Y que eso significará que
nuevas empresas se abren o las que hay se amplian.
Que se
van a perseguir los delitos monetarios con ejemplaridad. Y que en este país, aquellos
que aprovecharon el clima para vivir por encima de sus posibilidades lo iban a pagar.
Cómo cualquiera
con dos dedos de frente puede recibir con buenos ojos, que aquellos que se han
echado el dinero por la espalda y ya no tiene más para echarse, van a recibir
más para salvarnos a todos. Imagino que en condiciones muy favorables. No
estaría más tranquilizar sobre exigencias al respecto para aquellos que asuman
ese tomate.
Quién diseña
una estrategia de comunicación que tiende al oscurantismo. A explicar las cosas
a medias, a desviar responsabilidades al pasado y al futuro. A hablar lo justo
y necesario, normalmente para desdecir a uno de los suyos, o de los otros. O peor, a sí mismo.
El aire
de improvisación apesta. Irrespirable. Y el truco del docente malo, ya no cuela
Mariano. Es decir, vender un rescate, por tomate, cuando llevamos meses
negándolo no se puede justificar bajo la promesa que se hizo en periodo
electoral de eliminar los activos peligrosos de las entidades bancarias.
Entonces
se hablaba de desahogar el mercado inmobiliario a través del estado. Los bancos
se cogen el dinero que haría mover la locomotora. Que fácil todo verdad.
Pero
no, lo que usted tenía pensado era un tomate al 3%, para recapitalizar todo
esto. Y aunque ponga esa cara de que ya lo
decía yo, y lo siento señores que me voy al futbol. Pues simplemente no.
Precioso ejemplo de la diferencia entre excusas y razones. ¿Ese era su proyecto
de reforma del sector financiero?
Bueno, y
alguien podría coger el tren ese que justifica todo. El tren de heredar una
situación caótica, mucho peor de lo esperada. En cuanto al sector financiero,
parece ser que el problema estaba en las Cajas de Ahorro ¿Y quien ha metido las
manos ahí? Quizá políticos, sindicalistas, comunidades autónomas,..
Es
decir, si no sabían lo que pasaba puede ser por dos cosas. No sé cual peor. Si
lo sabes y no haces nada el veredicto es culpable por consentir. Si lo ignoras,
el mismo, por incompetencia.
¿Hay
algún responsable por ahí?
Ahora
mismo no estamos para lapidaciones públicas. Pero tengo la impresión que hasta
que no se explique todo bien clarito. Hasta que no discutamos sobre la almendra
de la cuestión, no encontraremos síntomas positivos para recuperar todo esto.
Quien presumía de dar la información tal y como era, y criticaba los
triunfalismos de los brotes verdes, debería explicar lo de la línea de crédito
en condiciones favorables con claridad. Y por favor, no confundir claridad con apocalipsis.
La confianza no habita ni en la euforia ni en la catástrofe.
Y cierro
con un nuevo embite marxista. Esperando que la mítica cita de Groucho no
simbolice el juego español de principios de siglo XXI. Esa de que, “La política es el arte de buscar problemas,
encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios
equivocados”.
En cualquier
caso en el mundo de Groucho, los caballeros son los que celebran la venta de
los tomates, no quien los compra.
Y como diría
él, disculpen lo de caballeros, porque no les conozco a todos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario