miércoles, 13 de junio de 2012

Dónde dice rescate, digo tomate

Donde dice tomate, digo rescate. Donde dije marino digo mariano. Donde dije recortes digo ajustes. Cuando acuso al pueblo español de vivir por encima de sus posibilidades a lo mejor me estoy refiriendo a los bancos. Si me refiero a los bancos, quiero decir Cajas de Ahorro. Donde dije Uganda quiero decir república bananera.

Marxismo en estado puro. Marxismo de Groucho quiero decir. Absurdo como celebrar un rescate, o una línea de crédito en condiciones favorables. Por lo menos tenemos algo medio claro, y es que condiciones favorables es exactamente el 3% de interés.

Y digo marxismo por aquello por aquello de que por mi cabeza cruza la célebre frase, de “señores tengo unos principios, si no le gustan tengo otros”.

En artículos anteriores hablaba de llamar a las cosas por su nombre. De evitar eufemismos estúpidos. Todavía dentro del debate nacional, mientras un presidente de gobierno llama tomates a lo que la oposición llama rescates, no deja de ser un juego dialéctico en busca de un puñado de votos, de un respaldo social.

Unos dicen que los tomates únicamente los pagaran los bancos. Otros se centran en que si no se pagan esos tomates prestados será el Estado quien pierda toda su huerta. Otros apuntan si esos tomates van a llegar al pueblo llano. Y otros manejan como afectará a la huerta de todos esos tomates que lo mismo ni ven. En el mejor de los casos en un par de años.

El juego dialectico escala hasta el absurdo. Y en medio del debate hay quien habla de los beneficios que el estado puede obtener del préstamo a los bancos españoles. Aquí relacionar la vinculación de la Unión Europea, los bancos españoles y el estado español es una pura entelequia. Por qué el estado obtendría ese beneficio si se pregonan que el estado no se verá afectado por todo esto.

Lo peor es que la prensa internacional no se pierde en cuestiones formales. Bueno directamente se mueren de risa, a la par que saldan esa deuda que se suele cobrar, imagino que también en condiciones favorables, cuando un gobierno en bloque niega la mayor. Cuando la semana pasada medios como el Financial Times publicaba lo que iba a ocurrir durante el fin de semana, aquí simplemente se denostaba.

El desbarajuste es imperial. Nos perdemos en el adjetivo, y no vamos al nombre. La incertidumbre sobre el acuerdo, la presentación del mismo como una victoria gloriosa, la imagen disparatada de interlocutores que se niegan a sí mismos y al contrario, en plazos tan vertiginosos como dos o tres días, proyecta una imagen que no inspira confianza alguna. A nadie.

Un ministro dice que no habrá intervención, otro que sí, otra que puede, el presidente sale al paso para parar el guirigay y se atribuye la facultad de ser la única voz autorizada. Al día siguiente, cuando se presentó el tomate o el rescate al mundo mundial, el único interlocutor válido no aparece, y sale De Guindos anunciando las líneas maestras. La opinión pública se mosquea, y se pregunta por el interlocutor. Mariano duda sobre acercarse a Gdank a ver el España-Italia. Y decide, prácticamente a pie de escalerilla de avión presentar el acuerdo con el mismo triunfalismo que el día anterior, pero matiza a De Guindos. Rajoy, marcha a Polonia, Italia se adelanta en el marcador. Cesc empata, damos por bueno el resultado, y esto se contagia a la apertura de los mercados del lunes.

Bueno hablamos de las dos primeras horas. La bolsa arranca bien, la prima de riesgo se encoge. El clima de triunfalismo ayuda a arrancar el lunes con cierto optimismo. Mientras unos comienzan a frotarse las manos, el que mueve los hilos se pone a pensar, y como no sabe condiciones, como alguien ve que no se aclaran ni con el nombre de la maniobra financiera, aparece el estado ese que podríamos fotografiar al dibujo animado que ustedes quieran, que comienza a correr sobre la loma de una montaña, y corre, y corre, y cuando mira hacia abajo se da cuenta que esta en el aire. De pronto, antes de precipitarse una rama aparece simbolizando el clavo ardiendo que solo soltará cuando quede un poco más claro todo.

Es decir, la subida en bolsa queda en amago. Y la prima de riesgo regresa a índices más altos que la semana anterior. Por lo menos el España-Italia había terminado, si no…

Más allá del nombre. De si tomates o rescates. Lo verdaderamente indignante es el trato absolutamente naif que los políticos españoles tienen con su pueblo. Ese tono paternalista, ese simplismo para explicar las cosas, esa estupidez general molesta porque se piensa que ellos son más listos que nosotros. La casta política cada vez está más lejos del pueblo, y comienza a ser preocupante de verdad. O espabilan o están abonando el terreno hacia posturas políticas apocalípticas, de esas que aprovechan el sistema para tirarlo abajo.  Y para revertir la sana divergencia en el enfrentamiento total. Del juego de los grises, al blanco y negro del conmigo o contra mí.

Un político que considere a su pueblo. Que esté a la altura. Explicaría el prestamo. Diría que es el estado quien avala. Que posiblemente para llegar a los índices macroeconómicos exigido es posible que halla que recortar/ajustar por algún lado. Pero que si seguimos trabajando por aquí el dinero de esos bancos acabará saliendo a la calle, en más cantidad o simplemente más barato. Y que eso significará que nuevas empresas se abren o las que hay se amplian.
Que se van a perseguir los delitos monetarios con ejemplaridad. Y que en este país, aquellos que aprovecharon el clima para vivir por encima de sus posibilidades lo iban a pagar.

Cómo cualquiera con dos dedos de frente puede recibir con buenos ojos, que aquellos que se han echado el dinero por la espalda y ya no tiene más para echarse, van a recibir más para salvarnos a todos. Imagino que en condiciones muy favorables. No estaría más tranquilizar sobre exigencias al respecto para aquellos que asuman ese tomate.
Quién diseña una estrategia de comunicación que tiende al oscurantismo. A explicar las cosas a medias, a desviar responsabilidades al pasado y al futuro. A hablar lo justo y necesario, normalmente para desdecir a uno de los suyos, o de los otros.  O peor, a sí mismo.

El aire de improvisación apesta. Irrespirable. Y el truco del docente malo, ya no cuela Mariano. Es decir, vender un rescate, por tomate, cuando llevamos meses negándolo no se puede justificar bajo la promesa que se hizo en periodo electoral de eliminar los activos peligrosos de las entidades bancarias.
Entonces se hablaba de desahogar el mercado inmobiliario a través del estado. Los bancos se cogen el dinero que haría mover la locomotora. Que fácil todo verdad.

Pero no, lo que usted tenía pensado era un tomate al 3%, para recapitalizar todo esto.  Y aunque ponga esa cara de que ya lo decía yo, y lo siento señores que me voy al futbol. Pues simplemente no. Precioso ejemplo de la diferencia entre excusas y razones. ¿Ese era su proyecto de reforma del sector financiero?

Bueno, y alguien podría coger el tren ese que justifica todo. El tren de heredar una situación caótica, mucho peor de lo esperada. En cuanto al sector financiero, parece ser que el problema estaba en las Cajas de Ahorro ¿Y quien ha metido las manos ahí? Quizá políticos, sindicalistas, comunidades autónomas,..

Es decir, si no sabían lo que pasaba puede ser por dos cosas. No sé cual peor. Si lo sabes y no haces nada el veredicto es culpable por consentir. Si lo ignoras, el mismo, por incompetencia.

¿Hay algún responsable por ahí?

Ahora mismo no estamos para lapidaciones públicas. Pero tengo la impresión que hasta que no se explique todo bien clarito. Hasta que no discutamos sobre la almendra de la cuestión, no encontraremos síntomas positivos para recuperar todo esto. Quien presumía de dar la información tal y como era, y criticaba los triunfalismos de los brotes verdes, debería explicar lo de la línea de crédito en condiciones favorables con claridad. Y por favor, no confundir claridad con apocalipsis. La confianza no habita ni en la euforia ni en la catástrofe.

Y cierro con un nuevo embite marxista. Esperando que la mítica cita de Groucho no simbolice el juego español de principios de siglo XXI. Esa de que, “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

En cualquier caso en el mundo de Groucho, los caballeros son los que celebran la venta de los tomates, no quien los compra.

Y como diría él, disculpen lo de caballeros, porque no les conozco a todos.

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